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En
la antigua China. El campeón de artes marciales Li Mu Bai, tras gloriosos
combates, ofrenda su espada a su señor, Te; pero alguien se
apodera del precioso regalo. Li Mu Bai y su compañera de armas, Sue Lien,
descubren que el ladrón ha sido la dulce Jen que, ansiosa de libertad y
de aventuras, ha sido formada en las artes marciales por Jade, una
guerrera que había asesinado al mentor de Li Mu Bai. Éste retoma las
armas para recuperar su espada, vengarse de Jade e intentar atraer al buen
camino a Jen.
Ang
Lee, nacido en Taiwán (1954) y formado en cine en Nueva York, ha
realizado hasta ahora más de media docena de películas de gran valor,
entre las que destacan "La tormenta de hielo", crítica de la sociedad
norteamericana de los primeros setenta, y "Sentido y sensibilidad",
finísimo paseo por los sentimientos de la sociedad bien inglesa de
primeros del XIX. También hay que citar "Comer, beber, amar",
de costumbrismo familiar oriental, y "Banquete de bodas", choque
o encuentro de las culturas oriental y occidental. Maestro del cine de los
sentimientos y de la intimidad y siempre creador de belleza, Lee transmite
su estilo al precioso "Tigre y dragón", film a la vez de acción,
de análisis de las artes marciales y de vivencias románticas que se
meten de modo inexorable entre las más importantes, , donde ella muere
sin llegar a confesar su amor por una cuestión de honor familiar. Pero
importa el "cine" que envuelve las historias, esa fascinante y
espectacular fantasía, lejos de todo realismo. La película -comenta Lee-
es una especie de sueño de China; una China que probablemente no ha
existido más que en mis fantasías de adolescente sobre la "marcialidad"
de las películas que veía y el romanticismo de las novelas que leía.
"Que estos dos tipos de sueño se unan ahora en un film que he podido
realizar en China es una feliz ironía para mí".
"Tigre
y dragón" ha sido una de las películas triunfadoras de los Óscar
de este año, al obtener cuatro estatuillas de la Academia.
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