E n t r e v i s t a

Constancio Torre Medina

Nació en Isar (Burgos) en 1948. De los 12 a los 16 años estuvo en el Seminario. Allí comenzó a desarrollarse una enfermedad progresiva. Desde los 36 años no puede defenderse solo; depende de los demás. Marcado por la enfermedad, se dedica al dibujo y -desde 1981- a la poesía. Físicamente, depende totalmente de los demás; como él confiesa "me tienen que hacer casi todo"; puede realizar tareas como escribir, dibujar, afeitarse o comer (si está a la mesa), cada vez con más dificultad. A pesar de todo, no pierde la esperanza.

"El enfermo ha de ser miembro activo de la Iglesia"

Miguel Ángel Delgado López

Constancio Torre Medina

Tu enfermedad no ha paralizado tu querer y tu trabajo ¿Por qué?

Ha sido mi enfermedad lo que más me ha impulsado, aunque el timón lo llevan mis ideales humano-cristianos. Encontré como enfermo una misión que no podría hacer si estuviera sano; la enfermedad me ha servido de trampolín o ballesta para lanzarme, aunque desgarrándome trozos del alma; después me he sentido aplastado bajo la cruz al aumentar su peso.

No me considero ni bueno ni malo, ni vanidoso; soy un ser ambicioso y desgarrado. Soy un espejo roto y sucio, con polvo y telarañas, un espejo que quiere reflejar a Dios y difundir destellos de su Amor entre los hombres; un espejo que pretende mostrar lo profundo de una persona que ha caído en un pozo hondo de aguas amargas, lo que no se puede ver ni sentir desde la superficie.

Hace años que me propuse demostrar que un ser con mis limitaciones físicas es capaz de llegar adonde puede hacerlo alguien sano (cada cual con las aptitudes recibidas). Pero con esto no debo callar que el valor y la dignidad del ser humano no consisten en hacer muchas cosas ni en tener un cuerpo sano o bello; una persona que no puede hacer nada o que está deformada vale tanto como quien es un activista o atlético.

 

Tu vida ha estado vinculada a la Frater. ¿Qué significa para ti?

Mi vida sigue unida a la Fraternidad; aunque por varios motivos, físicamente, ahora tengo con ella pocos encuentros. No se puede decir con cuatro palabras lo que significa para mí; en ella he aprendido qué actitud ha de tener el enfermo en la sociedad y en la Iglesia, con la base de que siempre he sido activo, emprendedor.

Se van dando grandes pasos; la Fraternidad está contribuyendo a ello en gran medida, pero falta mucho camino por recorrer. Los domingos atiendo a la Misa de la televisión; yo opino que, en general, se habla del enfermo como alguien pasivo al que hay que atender, consolar y rezar por él; esa impresión recibo, y lo que se muestra continuamente mentaliza en un sentido o en otro. Con todos mis respetos hacia la Iglesia, me opongo a la idea de que los enfermos y minusválidos sólo servimos para rezar y ofrecer los dolores y sufrimientos a Dios; el enfermo ha de ser evangelizador del enfermo, miembro activo de la Iglesia, según las capacidades de cada uno. Tenemos el primer ejemplo en el Papa Juan Pablo II: el timón de nuestra barca no lo lleva con unos pies y manos vigorosos, sino con firmeza en el corazón y en la mente.

Se mira así a los enfermos quizá porque no se conoce bien este mundo entre los cristianos. Hay que ver a cada uno y sus circunstancias; una señora mayor con una existencia gastada por los trabajos no es lo mismo que un niño enfermo con toda la vida por delante, un señor que está mucho tiempo en hospital o en fase terminal no es lo mismo que una chica integrada en la sociedad con silla de ruedas.

Tampoco acepto la idea de separar los enfermos de los sanos. ¿Dónde ponemos la separación? ¿en quienes andan con muletas o van con silla de ruedas? ¿en los tetrapléjicos? Por supuesto, apoyo el ofrecimiento y la oración de los enfermos (mi vida entera es una ofrenda); pero, ¿los sanos no tienen ningún sufrimiento que ofrecer a Dios?; una madre que pierde a su hijo por enfermedad o accidente, una novia abandonada por el novio... todo cristiano ha de asumir la actitud de "ora et labora".

 

¿Cómo pasas el día?

Luchando, en medio del dolor y del sufrimiento, para dejar una huella grande en este mundo. Tengo el "vicio" de escribir, a ello dedico casi toda mi actividad, el tiempo que me permite la cruz; quisiera estar todo el día trabajando, pero "no se puede dar coces contra el aguijón", actualmente tengo a veces dolores que sólo se quitan en la cama.

 

Eres un hombre creativo. ¿Qué dirías a muchos enfermos que se han quedado desorientados, tú que en tu enfermedad has luchado con esperanza y con amor?

Todo lo que escribo va dirigido también a los enfermos y minusválidos, pero a los que se sientan aplastados por una losa con riesgo de tirarlo todo por la borda o de "tirarse al mar" les digo que merece la pena vivir y luchar por un mundo mejor; para ello todos tenemos valores que desarrollar.

 

A los que tenemos "más salud", ¿qué nos dirías?

Cuando vivimos con salud quizá llevamos más responsabilidades, pero no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos; no nos damos cuenta de lo que es ir donde, como y cuando queremos o visitar a quien queremos, sin estar pendientes de que otra persona nos lleve, de si puede o no puede. Yo sabía que iba a quedar en silla de ruedas y estaba con minusválidos, pero no podía imaginar la amargura de los cálices que tendría que beber. Lo peor no es estar hasta el fin de mis días sentado, ni todos los dolores que soporto, día y noche; lo más duro es la falta de autonomía, la dependencia total de los demás, y la mayoría de los dolores que sufro en la cama desaparecerían si yo pudiera moverme bien.

 

Has vivido en la ciudad; ahora vives en el pueblo, concretamente en Isar. ¿Qué significan ambas realidades para ti?

Mi cuna es Isar, mi patria es el mundo; los veinte años que he vivido en la capital burgalesa me han servido para abrirme en espíritu a la aldea mundial. En 1992 tuve que volver al pueblo por morir mi madre. Aquí, en la prisión de mi cuerpo, tengo el reto de romper con el bolígrafo barreras del tiempo y del espacio. Si me hubiera defendido bien yo solo, no habría venido a Isar; no sabía lo que me esperaba. Soy el responsable y coordinador de la revista que fundé, La Golondrina; con ella, con la colaboración de gran parte del pueblo, estamos escribiendo nuestra historia; sirve de unión entre todos los isareños.

 

¿Quién o quiénes te están ayudando en tu enfermedad?

Transformo esta respuesta en un acto de agradecimiento. Gracias a Dios por darme la vida y las facultades; gracias a mis padres (espero que ya estén con el Señor en plenitud). Doy gracias a los hermanos (y sobrinos), por lo que hacen por mí; pasan la prueba de fuego del amor quienes (si es posible) acogen en su casa a un hermano que no se puede defender por sus medios; no todos lo harían. Yo no podría realizar esta misión si estuviera en una residencia; estoy en el pueblo por atenderme la hermana que vive en él. Gracias a Isar; gracias a la Fraternidad de Burgos y de España.

 

¿Qué aporta la fe a la vida?

La fe me descubre a Dios por medio del Hijo -Jesucristo-, rostro visible del Dios invisible. Cristo es mi único modelo y maestro (aunque hay muchos espejos donde lo puedo contemplar, los cristianos ejemplares de la historia). Cuando pienso en actitudes mías o en realizar algo personal, se me va con frecuencia el pensamiento a la forma de actuar del Maestro, manifestado en los evangelios.

 

Pese a todo, ¿la esperanza es posible?

Una característica común de muchos cristianos que han pasado grandes pruebas de enfermedades es la alegría; confieso que yo no puedo vivir en la alegría, mi sonrisa fue desgarrada. Me siento unido a los que sufren en las guerras y en las catástrofes naturales y a Cristo clavado en la cruz; también yo le he gritado a Dios Padre (como desahogo) en momentos duros. Pero vivo en estado permanente de esperanza en un mundo mejor y en la resurrección; mi nombre está escrito en el cielo, no por méritos míos sino como regalo del Señor que me ha hecho su hijo y heredero.

 

¿Algo que añadir?

Espero que las opiniones que expongo sirvan para reflexionar y buscar entre todos lo que conviene en el campo del enfermo y minusválido, para lo que colaboro con mi grano de arena. Confío en contribuir a un mayor conocimiento de nuestra realidad.


"No puedo vivir en la alegría, mi sonrisa fue desgarrada"



"Me opongo a la idea de que los enfermos y minusválidos sólo servimos para rezar y ofrecer los dolores y sufrimientos a Dios"



"Vivo en estado permanente de esperanza en un mundo mejor y en la resurrección"


 

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