XXI siglos haciendo el bien

Durante el año del Gran Jubileo, y mucho más después del mismo, gentes de muy diferentes mentalidades y situaciones económicas me preguntan para qué sirve hoy la Iglesia.

Mi respuesta, primera, como nos ha recordado recientemente el Papa, en su carta Novo Millennio Ineunte, es que la Iglesia es necesaria para hacer presente en toda su plenitud lo mejor que tenemos en nuestro mundo: la presencia viva y actual de Jesucristo, el Señor de la Historia. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, el nuevo Pueblo de Dios, el Templo vivo de la presencia de Dios.

Pero la Iglesia no sólo está al servicio del Rey-Jesucristo, sino al servicio de las obras del Reino de Dios, que se muestran en la paz, la justicia, la reconciliación, la verdad, la libertad verdadera, la opción por los más desfavorecidos. Rey y obras del reino van unidos. Como nos ha recordado un sabio teólogo de hoy, la Iglesia practica una "mística de los ojos abiertos", para saber ver y aliviar las necesidades de los hombres, y para saber descubrir los signos de Dios en nuestro mundo de hoy, cuando a veces dicha presencia parece eclipsarse.

Por eso la Iglesia tiene dos rostros, o dos dimensiones inseparables: una invisible (la vida de Dios en ella) y otra visible (los bautizados que siguen a Jesús y se comprometen de verdad en la vida).

Por eso la Iglesia necesita no sólo la gracia y los dones de Dios, sino también nuestra aportación humana y material. La Iglesia necesita seguir manteniendo sus templos y lugares de culto y de catequesis; necesita medios para formar especialmente a niños y jóvenes; necesita Seminarios para que las vocaciones al sacerdocio crezcan; necesita recursos humanos y materiales para poder hacer caridad y poder ser Buena Samaritana de los hombres y mujeres dolientes, marginados y hasta excluidos.

En nuestra Diócesis de Burgos, en la actualidad, además de la reforma total del Seminario Diocesano, estamos embarcados en la construcción de algunas nuevas parroquias, particularmente en la ciudad, para responder a la demanda del rápido crecimiento urbano. Todo ello sin olvidar los cientos de obras para conservar nuestro preciado patrimonio cultural y artístico, desde la Catedral hasta iglesias parroquiales del medio rural. No hace falta recordaros que nada de esto es posible sin vuestra generosidad.

Gracias a todos por vuestras aportaciones para el sostenimiento de la Iglesia. Gracias por seguir creyendo en vuestra madre Iglesia. Gracias porque Jesucristo sigue siendo el centro y sentido profundo de vuestras vidas. Gracias porque, con vuestra ayuda personal y material, seguís haciendo realidad el lema repetido tantas veces este año: "XXI siglos haciendo el bien".

Que el Señor de los dones os pague todo lo que de otra manera es imposible, o ni sabemos ni podemos hacerlo.

 

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"La Iglesia tiene dos rostros, o dos dimensiones inseparables: una invisible (la vida de Dios en ella) y otra visible (los bautizados que siguen a Jesús y se comprometen de verdad en la vida)"

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