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A
lo largo del mes de mayo en pueblos y ciudades de nuestra geografía
se reza el Rosario, se elevan cantos a María, la Madre, se celebran
cientos de fiestas y actos marianos. Todo
es poco para la Madre, todo es poco para honrar a la Madre de Dios y Madre
nuestra. Cada pueblo, cada parroquia, cuida que a la imagen de la Virgen
no le falten flores o velas, que su altar esté adornado y limpio. Expresión
tangible de religiosidad popular, una religiosidad que expresa un
sentimiento profundo de amor. "Venid
y vamos todos con flores a María" se cantaba en este mes de mayo, y
se sigue cantando en nuestras iglesias, pequeñas o grandes. Con flores
que el campo trae ya en la primavera, que son belleza y homenaje a la
madre. Y, sobre todo, con las flores de nuestras vidas, con nuestros
esfuerzos cotidianos ofrecidos a la Madre, con nuestra alegría compartida
con los demás, con nuestras ilusiones depositadas a sus pies, con
nuestras oraciones, con nuestros pequeños o grandes actos de amor.
A
María, en mayo
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