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Burgos, Diócesis misionera |
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Burgos se ha ganado a pulso ese título de Diócesis "misionera". Se lo han regalado sus hijos e hijas que, dejando el solar querido, marcharon por esos mundos antiguos y nuevos, para anunciar el Evangelio. Nuestros héroes abarcan el mundo entero que sabe que sus campos han sido regados con sangre de nuestros misioneros y misioneras. Bien lo recuerdan tantas familias cuyos hijos e hijas no volvieron más a la casa, a encontrarse con sus hermanos. La sangre de nuestros mártires misioneros regó los campos de misión. "Id y anunciad". ¡Cómo han resonado estas palabras en nuestras comunidades! Y los misioneros y misioneras, dejando patria y hogar, llevaron la Semilla a nuevos lugares, en que ha dado abundantes frutos. Con ellos iban las oraciones de madres y familiares, el dolor de la separación de los suyos, la nostalgia de la patria, y han gastado o gastan su vida en la extensión del Reino. El
domingo, nos veremos, en Lerma, la bella ciudad de los duques, la ciudad
de los conventos, en que numerosas jóvenes llenan de alegría y de amor
a Cristo y a su Iglesia en los tres conventos de clausura. Sus rezos y
canciones de amor los lleva el Arlanza hasta el océano, con el deseo de
que lleguen a los continentes en que nuestros misioneros y misioneras
van anunciando el Evangelio. El Arlanza les lleva, en sus caudales,
mensajes de nuestro cariño y admiración en el Día del Misionero
Burgalés. Francisco, Domingo, Teresa de Jesús, buenas raíces misioneras, se alegran de que sus monjitas de Lerma, y de todos los conventos de Burgos, unan su oración a la de tantos hijos de esta tierra, reunidos en este bello rincón, plegaria ardiente, de nuestra provincia. En la ciudad ducal, rezaremos y cantaremos al Señor de la mies que nos ha metido la inquietud en el corazón: "la mies es mucha; los trabajadores, pocos". Lerma y parroquias vecinas: nos encontraremos, en tan entrañable jornada misionera, con el recuerdo de todos los vuestros que misionan lejos de la familia. Quien quiera conocer la entraña de este pueblo burgalés, que venga ese día a Lerma, y sentirá bullir la sangre misionera de esta tierra bendita. Y, al atardecer, cuando dejemos la bella ciudad soñando junto al Arlanza que besa sus pies, en la serenidad de la noche, las estrellas recordarán a quienes asistieron a la jornada; y, en los conventos, nuestras hermanas cantarán bellas canciones a Quien nos envía a predicar el Evangelio por el mundo entero.
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Arzobispo de Burgos
"Quien quiera conocer la entraña de este pueblo burgalés, que venga ese día a Lerma, y sentirá bullir la sangre misionera de esta tierra bendita" |
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