Corpus Christi

Esta fiesta anual nos llega cada año envuelta con aroma de hierbas olorosas, con niños que lucen sus trajecitos de Primera Comunión, con chorros de luz y algunos grados de calor.

Por las calles, entre flores y música, es llevado el Santísimo Sacramento bendiciendo a todas las gentes que cantan al "Amor de los Amores".

Fiesta del Santísimo Sacramento que nos recuerda, también, "amaos los unos a los otros como yo os he amado". Con qué fuerza nos lo repite el Señor cuando al cielo llegan los gemidos de las familias que acompañan los cadáveres de los hijos jóvenes masacrados en una tarde de fiesta; o cuando, de los campos de combate, surgen los alaridos de los moribundos que agonizan en la soledad o bajo toneladas de ruinas.

Son muchos los que, cada día, pasan hambre, sed, no tienen qué comer, ni dónde dormir, ni dónde ir a la escuela; son muchos los que no oyen hablar de Dios. Y, en cambio, todos son hijos bien amados de Dios.

"Cantemos al Amor de los Amores". Pero la humanidad empieza esta nueva etapa del Tercer Milenio con heridas todavía abiertas.

La violencia, la guerra y el terror, la opresión y la tortura, la esclavitud y la persecución. Los señores de la guerra imponen una cultura de muerte.

La injusticia, cristalizada en sistemas políticos y financieros que explotan y expolian a los pueblos, originando enfermedad, miseria, dependencia, hambres y muertes.

La intolerancia, el racismo, el fanatismo religioso, con toda la parafernalia de odio e incomprensiones.

La codicia, el afán de tener y consumir, con la consecuente dependencia de las cosas, el estrés y la insatisfacción, la idolatría del dinero, la competitividad inhumana, la exclusión de los vencidos.

La amoralidad, la pérdida de fe y de valores, el desencanto y la duda, el tono gris de la existencia, el conformismo y el relativismo, el vacío interior y la falta de fidelidad, la irresponsabilidad y la despreocupación por el otro.

Al celebrar la festividad del Corpus Christi -la entrega íntegra de Jesús a los hombres-, la responsabilidad de ser cristianos nos sacude fuertemente, al ver, por una parte, la generosidad ilimitada del Maestro al entregarse todo entero, y al contemplar, por otra, cómo 1.200 millones de personas tienen que sobrevivir con apenas un dólar diario. La realidad es que una multitud ingente de hombres y mujeres, niños, adultos, ancianos, sufren el peso intolerable de la miseria. Son muchos millones los que carecen de esperanza.

Corpus Christi: día del amor al Señor, que se hizo alimento y se nos entregó en comida; y día de mirar a cuantos no se sientan a la mesa del Señor, ni para recibirlo en alimento ni para comer el pan que permita subsistir.

Venid, todos, y adorad al Señor que se quedó con nosotros.

 

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"La realidad es que una multitud ingente de hombres y mujeres, niños, adultos, ancianos, sufren el peso intolerable de la miseria. Son muchos millones los que carecen de esperanza"

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