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Recuerdo de Jesús del Pozo |
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Antonio López-Sanvicente |
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Amigo Jesús, te has ido. Dios, dador de la vida, te ha llamado y te ha examinado del Amor. Y has logrado otro sobresaliente meritorio para el libro de tu currículo entre tus seres queridos, tus feligreses, tus educandos, tus compañeros desde otoño de 1953... El hilo sutil de la vida, que se desenreda mañana a mañana, ha venido aflojándose por el proceso de tu enfermedad. ¡Cómo la has disimulado con la sonrisa de la esperanza! Esa también ha sido tu grandeza, que te ha permitido seguir en la brecha de tu pastoral sacerdotal con una entrega sencilla, sin énfasis, hasta salpicarnos a todos del bien. Tenías talento, pero sobre todo, paciencia; tenías sabiduría, pero sobre todo, comunicación; tenías carácter, pero sobre todo, tacto. Has sido cura, mejor dicho, eres -"tu es sacerdos un aeternum"-, de entrega a carta cabal. Y has allegado al altar celestial en sábado mariano, cuando se cumple el 36º aniversario de tu cantamisa. Desde la década de los 70 eras el motivador de las jornadas de convivencia entre los compañeros del Seminario. ¡Cuántos recuerdos porfían por una prelación en nuestras memorias! Días de viaje, de acogida, de compartir misa y mesa, de contar anécdotas, de recordar a quienes se fueron antes... Seguro que has mirado con satisfacción la eucaristía de tu funeral, presidida por nuestro arzobispo y concelebrada por más de un centenar de sacerdotes; la serena aflicción de tus familiares; la participación comunitaria de tus feligreses; las evocaciones de tus amistades... Y allí estábamos también tus compañeros de seminario, uniéndonos al decoro y a la oración de todos, hasta acompañar tu cuerpo a la última morada terrenal. Ahora que mejor lo puedes hacer, sabemos que vas a seguir ayudándonos hasta que lleguemos al final del camino para cantar, todos, el aleluya de júbilo triunfal. ¡Ah! y gracias por todo. Te has ido y tu ¡hasta luego! nos deja huellas sobre las que posar la andadura hacia otro reencuentro. |
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