|
|
|||
Vamos a la catequesis |
|||
|
En estas fechas las parroquias abren sus aulas a las catequesis de los niños. Los sacerdotes, ayudados de innumerables catequistas, repiten las palabras de Jesús: "Dejad que los niños se acerquen..." Con ilusión, van conociendo los pequeños la historia de Jesús, y el gran amor de Dios a cada uno de nosotros: comienza una amistad preciosa entre Dios y el niño, que ojalá no se interrumpa ya nunca jamás. Cada domingo, el catequista irá sembrando el Evangelio en la buena tierra del corazón infantil; la familia del niño le ayudará a asimilar y a vivir lo aprendido en la catequesis. Qué valiosa es la cercanía de la familia a la catequesis: padres y catequistas se pueden prestar una gran ayuda que repercutirá en bien del niño. Y ojalá que los mismos papás se embarquen en las tareas de la catequesis. En esa edad, los niños tienen abiertas las puertas de su mente y de su corazón: qué buena siembra puede realizarse en el campo de la educación. Juan Pablo II, ya Papa, ha recordado con emoción las "catequesis" que le proporcionaba su papá, las conversaciones sobre temas religiosos, las visitas, juntos, a algún santuario mariano. Es muy bonito ver a padres e hijos viajar juntos a "Disneylandia": cuánta conversación hilvanada en torno al viaje y al espectáculo presenciado. En la Semana Santa, me encanta ver a críos, que apenas levantan dos palmos, al lado de sus padres, acompañando "el Paso", del cual son cofrades. El niño, cuando sea mayor, no podrá olvidar aquella experiencia compartida por las calles de la ciudad. En nuestra infancia llevamos siempre un gran archivador en que recogemos imágenes, palabras, vivencias: son nuestro tesoro, para la juventud y la madurez; todo ese bagaje acumulado nos enriquece y nos da la luz para iluminar la senda que queremos recorrer. ¡Catequesis! Todos vosotros, padres, sacerdotes, catequistas: pedid a Dios que os dé a conocer la transcendencia de los días y las horas dedicadas a esa misión de ayudar a los pequeños en el conocimiento de los grandes misterios humanos y divinos. Es maravillosa el alma de un niño; son bellísimas las flores que nacen en su corazón. Padres, no perdáis la ocasión de conocer la hermosura de esos dones que surgen en el alma del hijo. A cuantos dedicáis vuestro tiempo a la catequesis: Dios llene vuestro zurrón con las mejores semillas del Evangelio.
|
Arzobispo de Burgos
"En esa edad, los niños tienen abiertas las puertas de su mente y de su corazón; qué buena siembra puede realizarse en el campo de la educación" |
||
|
|
|||
|
|
|||