Buena Noticia

7 de octubre                 14 de octubre

  

7 de octubre de 2001          

Domingo 27º del tiempo ordinario

Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4

2ª Timoteo 1, 6-8. 13-14

Lucas 17, 5-10

 

 

 

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14 de octubre

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:

- «Auméntanos la fe.»

El Señor contestó:

- «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:

"Arráncate de raíz y plántate en el mar."

Y os obedecería.

Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice:

"En seguida, ven y ponte a la mesa"?

¿No le diréis:

"Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"?

¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid:

"Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."»

 

Debemos tomar conciencia de la fuerza de la fe, ya que sólo ésta nos permitirá aceptar con todas sus consecuencias la exigencia del perdón. Al pedir que se aumente la fe no se busca su acrecentamiento cuantitativo, sino un cambio radical para hacerla más genuina. Basta una mínima fe, pero auténtica (como el grano de mostaza), para realizar grandes cosas. La imagen de la morera arrancada y trasplantada en el mar expresa plásticamente la fuerza de la confianza plena en Dios. La parábola final nos describe la actitud que el hombre debe tener ante Dios. Le servimos con humildad a sabiendas de que no somos indispensables. Todo lo que recibimos de él es gracia y toda nuestra vida debe ser una respuesta agradecida a sus dones y no una búsqueda de recompensa.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 de octubre

14 de octubre

 

14 de octubre de 2001

Domingo 28º del tiempo ordinario

2º Reyes 5, 14-17

2ª Timoteo 2, 8-13

Lucas 17, 11-19

 

 

 

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7 de octubre

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

- «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo:

- «Id a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo:

- «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo:

- «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

 

El que recibe el don de Dios debe ser agradecido. Para ilustrar esta actitud del creyente, Lucas cuenta la curación de diez leprosos que piden la misericordia de Jesús. Es curioso ver que la enfermedad de estos hombres ha unido lo que la vida normal separaba. Jamás los judíos trataban a los samaritanos. La ley de Israel mandaba que los leprosos vivieran separados. Y el día en que estuvieran curados tenían que presentarse ante un sacerdote para que éste comprobara su curación y les permitiera reintegrarse a la vida normal, pudiendo entonces participar en las celebraciones del culto. Este milagro de Jesús no significa sólo una curación física, sino una restauración en la vida social de su pueblo. Sin embargo, sólo un extranjero tuvo bastante fe para reconocer la bondad de Dios que actuaba en Jesús.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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