El Rosario a la Virgen

Qué fácil es la oración a la Virgen. No se necesitan grandes libros corales, ni oraciones en lenguas antiguas. Bastan unas pocas palabras en la lengua materna, desgranando la breve oración del Ave María que aprendimos, de niños, en el hogar.

El Ave María es la plegaria que llena los célebres santuarios marianos de Lourdes, Fátima, Zaragoza... o cualquier templo, o nuestras familias. La Virgen misma se nos ha mostrado así, con el Rosario entre las manos, en esas apariciones, donde hoy los santuarios atraen a millares de peregrinos.

Los burgaleses veneramos la cuna de santo Domingo de Guzmán, en Caleruega. Domingo fue el gran propagador de esta devoción mariana por toda Europa. Y, más tarde, sus frailes la llevaron a todos los continentes.

Mientas nuestros labios repiten el Ave María, nuestra mente se ocupa en los misterios de la vida de Jesús niño, de su muerte y resurrección.

Es como si quisiéramos penetrar en la hondura del amor de Dios que se hace infante, que enseña en los pueblos de Palestina, que sufre la crucifixión por nosotros y que abandona la oscuridad del sepulcro para vivir una vida nueva.

Plegaria sencilla, mientras nos sumergimos en los misterios de Dios hecho hombre para estar con nosotros y acompañarnos en el camino de la vida.

Así, compartimos con María todos los momentos de su existencia tan unida a la de Jesús, desde la Anunciación hasta el Calvario y la Ascensión del Señor a los cielos.

¿Que es una oración monótona? ¡Vaya, hombre! El niño dice incontables veces a su mamá que la quiere mucho. ¿Se cansa la madre de oírlo, o el hijo de decirlo?

"Si no os hacéis como niños..."

Rezar el Rosario es recordar la historia de Jesús, con el deseo de vivir como Él, con la ayuda de María.

En esos momentos de plegaria nos unimos al Papa, a todos los creyentes que tienen entre sus dedos la corona que van tejiendo a la Virgen, Reina de la Paz.

Desde la última catástrofe que se abatió sobre dos grandes ciudades americanas, el mundo se estremece al pensar en los peligros que pueden sobrevenirnos. La Madre de la Paz nos contempla y nos da ánimos para hacer un mundo nuevo en que los hombres vivan como hermanos.

 

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"La Madre de la Paz nos contempla y nos da ánimos para hacer un mundo nuevo en que los hombres vivan como hermanos"

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