Buena Noticia

21 de octubre                 28 de octubre                 1 de noviembre

  

21 de octubre de 2001          

Domingo 29º del tiempo ordinario

Éxodo 17, 8-13

2ª Timoteo 3, 14 - 4, 2

Lucas 18, 1-8

 

 

Arriba

28 de octubre

1 de noviembre

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:

- «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:

"Hazme justicia frente a mi adversario."

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:

"Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»

Y el Señor añadió:

- «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

 

Los cristianos deben continuar orando sin caer en la desesperanza. Para mostrar la necesidad de la oración, Lucas narra una parábola que no tiene paralelo en otro evangelio y es similar a la del amigo que viene pidiendo pan a medianoche (Lc 11, 5-8). Hay que orar con confianza y perseverancia, nos dice la parábola, con la seguridad de que Dios escucha las súplicas del hombre. Es significativo que el texto enfrente a una viuda, que en la Biblia es una figura típica de los más necesitados, a un "enemigo" que probablemente es un rico. Éste podría sobornar al juez, pero la viuda no, debido a su pobreza. Pues bien, afirma la parábola, si un juez deshonesto termina por hacer caso a la viuda, con mucho más motivo lo hará Dios que se mueve por la misericordia y defiende siempre a los débiles.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arriba

21 de octubre

28 de octubre

1 de noviembre

 

28 de octubre de 2001

Domingo 30º del tiempo ordinario

Eclesiástico 35, 15b-17.20-22a

2ª Timoteo 4, 6-8. 16-18

Lucas 18, 9-14

 

 

Arriba

21 de octubre

1 de noviembre

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:

- «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrev’í ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:

Oh Dios!, ten compasión de este pecador."

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

 

En esta parábola, que sólo se encuentra en Lucas, se contraponen dos actitudes: la del fariseo que piensa ganar la salvación con su propio esfuerzo, y la del publicano, que reconoce su condición de pecador y pide a Dios la conversión. Este último, que se apoya en Dios y no en sus obras, es el modelo que Lucas propone a sus lectores. Justificando al pecador sin condiciones, Dios adopta un comportamiento diametralmente opuesto al que le atribuía el fariseo. Dios acoge con su gracia al pecador. Esta parábola, como muchas otras del Evangelio y de Lucas, proclama la misericordia como ley fundamental de la acción de Dios.

En el comentario que hace Jesús de la parábola nos dice que el publicano se reconcilió con Dios. El fariseo, que hace más de lo que exigía la ley, buscó sólo su autojustificación a través de las obras.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arriba

21 de octubre

28 de octubre

1 de noviembre

 

1 de noviembre de 2001

Todos los Santos

2º Reyes 5, 14-17

2ª Timoteo 2, 8-13

Lucas 17, 11-19

 

 

Arriba

21 de octubre

28 de octubre

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

- «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo:

- «Id a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo:

- «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo:

- «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

 

El que recibe el don de Dios debe ser agradecido. Para ilustrar esta actitud del creyente, Lucas cuenta la curación de diez leprosos que piden la misericordia de Jesús. Es curioso ver que la enfermedad de estos hombres ha unido lo que la vida normal separaba. Jamás los judíos trataban a los samaritanos. La ley de Israel mandaba que los leprosos vivieran separados. Y el día en que estuvieran curados tenían que presentarse ante un sacerdote para que éste comprobara su curación y les permitiera reintegrarse a la vida normal, pudiendo entonces participar en las celebraciones del culto. Este milagro de Jesús no significa sólo una curación física, sino una restauración en la vida social de su pueblo. Sin embargo, sólo un extranjero tuvo bastante fe para reconocer la bondad de Dios que actuaba en Jesús.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arriba

21 de octubre

28 de octubre

1 de noviembre

 

 Arriba          21 de octubre          28 de octubre         1 de noviembre

Inicio          Portada          Cartas del Arzobispo          Noticias

Opinión          Entrevistas          Cultura          Intenciones

Números anteriores          Foro de debate

Directorio Católico de Internet          Nuestras Parroquias

Nuestros Santos          Documentos          Buscar en Sembrar