| Buena Noticia | ||
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Domingo 31º del tiempo ordinario Sabiduría 11, 23 - 12, 2 2ª Tesalonicenses 1, 14 - 2, 2 Lucas 19, 1-10
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En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: - «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: - «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: - «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: - «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»
De nuevo nos encontramos con el tema, tan querido por Lucas, de la conversión y sus exigencias. Zaqueo se acerca a Jesús por curiosidad y termina acogiéndolo en su casa, y repartiendo entre los pobres una gran parte de sus bienes. Este reparto generoso va mucho más lejos de lo que la ley judía exigía y, en realidad, corresponde a lo que pedía la ley romana en los casos de robo. No faltan las murmuraciones porque Jesús ha entrado en casa de un pecador. Pero esta libertad de pensamiento es la que permite que se pueda hablar de un "hoy" de la salvación. |
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Domingo 32º del tiempo ordinario 2º Macabeos 7, 1-2. 9-14 2ª Tesalonicenses 2, 16 - 3, 5 Lucas 20, 27-38
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En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron: - «Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno de se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano". Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les contestó: - «En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
La respuesta de Jesús afirma que la resurrección no es una simple continuación de la vida, sino una vida nueva y distinta, una vida de plenitud que difícilmente podemos comprender desde nuestras realidades cotidianas. El poder de Dios, que llama a los hombres de la muerte a la vida, transforma y asume la totalidad del ser humano. Él es el que asegura la continuidad entre nuestra vida terrena y la futura resurrección. Por eso nuestra capacidad de comprensión de este misterio es limitada. Pablo utiliza la expresión paradójica de "cuerpo espiritual" para hablar del modo de existencia del resucitado. |
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