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| Presentación de la Instrucción pastoral | ||
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La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad |
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Mons. Juan Antonio Reig Plá |
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La familia basada en el verdadero matrimonio es el espacio donde cada persona es valorada por lo que es y no por lo que tiene.
En primer lugar, la ruptura entre el cuerpo y la persona. El
cuerpo humano no es considerado, entonces, como una dimensión intrínseca
y constitutiva de la persona, dotado siempre de unos significados y de
una dignidad personales. Es tratado, en cambio, como objeto, simple
organismo manipulable, utilizable con fines de placer y de provecho. El
sujeto humano no es reconocido como persona corpórea y respetado con
verdadero amor en todas las fases y circunstancias de su vida. Una
antropología en la cual lo que prima es el bienestar material rebaja la
dignidad y la vocación humanas. El En segundo lugar, esa visión despersonalizadora provoca perniciosas rupturas en la comprensión del sentido mismo de la sexualidad humana. Ésta se vive separada de sus referentes constitutivos. Es lo que ocurre en el ejercicio de la sexualidad sin matrimonio, sin procreación y sin amor verdaderos. Ciertas formas alternativas al matrimonio -como las uniones de hecho, las uniones homosexuales, las cláusulas divorcistas- no son sino degradaciones del mismo, que dañan profundamente a las personas y a la sociedad. La Iglesia busca el bien del hombre y de la sociedad cuando anuncia el llamado "Evangelio del matrimonio y de la familia" (capítulo segundo). Es el plan del Creador, restaurado en la salvación de Cristo. El matrimonio natural -en el que un varón y una mujer se comprometen por entero en una íntima e indisoluble comunión de vida y amor conyugal abierta a la vida- es la realización de la sexualidad humana conforme al lenguaje corpóreo de la persona. El amor de los esposos es el espacio adecuado para el nacimiento y cuidado de la nueva vida humana. La procreación es acogida del don del hijo. En cambio, la disociación del origen de la vida con respecto al acto de amor de los padres en la unión de los cuerpos supone objetivamente tratar a la persona como un producto. El auténtico matrimonio es, pues, el núcleo de la familia y, por tanto, el ecosistema humano básico. Además, el matrimonio natural ha sido elevado en Cristo a la categoría de sacramento, es decir, signo y participación de su amor a la humanidad. Este anuncio comprende también el "Evangelio de la vida" (capítulo tercero), porque en Jesucristo resplandece la altísima dignidad de toda persona humana, llamada a la comunión de amor y vida con Dios. La familia natural y sana es santuario de la vida; es la cuna donde la vida incipiente es acogida con amor; es el hogar cálido donde niños, enfermos y ancianos son tratados con la estima que merecen. Sin familia el ser humano se halla en la intemperie hostil, desasistido, sin amor. Esta familia es esperanza para la sociedad, crea la atmósfera limpia y pura de una cultura y unas relaciones humanas donde el amor, el respeto y la acogida de toda vida humana -desde su origen en la concepción hasta su muerte natural- son las normas de comportamiento. El documento ofrece, además, las pautas básicas para la política y pastoral familiar adecuadas (capítulo cuarto). La clave de esta actuación política está en que las autoridades públicas y demás agentes socio-culturales reconozcan la identidad de la familia, basada en el matrimonio natural, y permitan a la familia ser y actual como tal. La familia es la célula básica del organismo social. Para que nuestra sociedad del futuro sea digna del hombre es imprescindible la vitalidad y la iniciativa de las familias. La Iglesia transmite y comunica la enseñanza y la nueva vida recibidas de Jesucristo. La misión de la Iglesia es un inestimable servicio a la familia. Cumple esta misión con toda humildad y con toda fidelidad a Dios y a los hombres. Está en juego el presente y el futuro de nuestra sociedad, la justicia y la dignidad humanas, la felicidad y la salvación de muchas personas. La Iglesia es madre y maestra que enseña la antropología y la ética adecuadas a la persona humana y, por tanto, el sentido y la finalidad de la vida humana; es hogar familiar que educa en el amor plenamente humano, en toda su belleza real. También cura las heridas de los corazones y la torpeza de las conciencias, a menudo confundidos y engañados por amores aparentes. En esta Instrucción pastoral, los obispos españoles proclaman con voz clara la verdad universal de la familia en el contexto de nuestra sociedad; alertan acerca de las graves distorsiones que amenazan la comunidad familiar; recuerdan el hermoso y perenne proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia; animan a las familias cristianas para que continúen con empeño la misión evangelizadora de nuestra sociedad; orientan a los responsables de la vida pública para que defiendan la auténtica calidad de vida de todos, sin exclusiones ni rebajamientos. |
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