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La Iglesia, de actualidad |
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Fernando García de Blas |
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Sin embargo, los acontecimientos del 11 de septiembre ocurridos en Estados Unidos marcan un antes y un después de consecuencias aún imprevisibles. Quizás como testigos visuales no tenemos los suficientes elementos para analizar lo sucedido, sí para enjuiciar y condenar lo que en carne propia venimos sufriendo a diario y elevar al Dios de la vida y la misericordia una oración para que "cambie este nuestro corazón de piedra por un corazón de carne", y desde él lleve a cabo también una transformación y regeneración de nuestras estructuras sociales. Tanta sinrazón y barbarie cometidas en nombre de no sabemos qué ideal o religión no pueden tener cabida en nuestro mundo. Manipular a Dios es contrario a su misma esencia y, a diferencia de los dioses paganos, no acoge a las víctimas con indiferencia. Pero volviendo a lo que es objeto de nuestra reflexión-opinión, hemos de afirmar sin eufemismos lo que hace unos domingos escuchábamos en boca de Jesús: "No podéis servir a Dios y al dinero". También es cierto que la utopía necesita sostén económico, pero la causa de los pobres, que es nuestra causa, no admite especulaciones con el fin de aliviar a los mismos. Invertir para los pobres es cosa bien distinta a especular. Invito en este punto a releer el libro de los Hechos en su capítulo 5. Es algo distinto, pero puede iluminar nuestro quehacer diario. La Iglesia en este campo no recibe muchas lecciones, es verdad, pero no echemos por la borda el trabajo de dos mil años. Es verdad que sin ser del mundo estamos en el mundo, pero para iluminar, no para corrompernos; nuestra Iglesia samaritana tiene que ser nítida, veraz, lógica, consecuente, coherente. No tenemos que empecinarnos en un cuerpo a cuerpo perdiendo grandes batallas. Demos el protagonismo que corresponde a los seglares en el orden temporal, que saben más y lo hacen mejor, y no sólo les pidamos auxilio. Demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Nuestra sociedad secularizada nos pide otros esfuerzos y dinamismos. Dios es otro, es totalmente otro; apostar por Él es camino de transformación, regeneración de nuestros corazones y estructuras. |
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