Nº 713 -18 de noviembre a 1 de diciembre de 2001

Punto de Vista

Iglesia, religión, cultura

Jesús Yusta Sainz

Jesús Yusta SainzHoy, los cristianos celebran el día de la Iglesia diocesana. Tras un acoso despiadado, cruel e injusto, como el sufrido, la Iglesia ha de retornar al Evangelio y, asumiendo la fragilidad, con y desde la humildad, sin complejos, ha de hacerse más transparente y auténtica. Dejando todo miedo y cálculo ha de apostar por transparentar la Luz humanizante que ella posee.

La afirmación absoluta del hombre sólo es posible si éste es afirmado por el Absoluto presencializado en el hombre. Así, todos los imperativos y todas las tareas de la religión se reducirán o, por lo menos, se centrarán en una efectiva afirmación del hombre, puesto que la religión no es sino la afirmación del Absoluto-Dios presencializado en la vida humana o lo que es lo mismo, la afirmación absoluta del hombre a la "luz de Dios". Ahora bien, la afirmación efectiva del hombre es la esencia de la cultura en su sentido primigenio de "humanitas". De ahí que toda auténtica actitud religiosa será material e intencionalmente una positiva eficaz actitud cultural; todo imperativo religioso será un imperativo cultural: estará enderezado a la afirmación real o promoción efectiva de la "humanitas".

Una religión al margen de la "humanitas" o sin cultura estaría, por lo tanto, desprovista de objeto (material) y sería vacía.

Esta afirmación absoluta del hombre es precisamente la dimensión en la que el Absoluto-Dios irrumpe en la existencia religiosa. Según ello, así como una religión sin cultura es ilusoria y vacía, una cultura sin religión o estrictamente atea está desprovista de su intencionalidad y fundamentación definitivas, no se sustenta en sí misma, carece de sentido último y está constantemente amenazada por la caída en la "nada" humana del mero tecnicismo sin substancia ética.

La Iglesia, en cuanto humana que es, tiene sus carencias y limitaciones. Ignorarlas sería una ingenuidad. Siempre es de agradecer la crítica objetiva en cuanto llamada a la autenticidad. Pero, el juicio ponderado no puede ignorar que la Iglesia, en medio de las limitaciones, ha sido y es experta en humanidad. Ignorarlo es no querer reconocer lo evidente.

 

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