Nº 714 - 2 a 15 de diciembre de 2001

   

Los obispos del siglo XXI

El 27 de octubre terminaba el Sínodo de los Obispos. Durante casi un mes, convocados por el Papa Juan Pablo II, obispo de Roma, se han reunido en la ciudad eterna representantes del episcopado de la Iglesia universal.

El objetivo de esta asamblea era muy claro y concreto: evaluar el ministerio de los obispos en la Iglesia, a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

Ésta ha sido la tarea de los padres sinodales: reunidos en torno al Papa, bajo la mirada de la Madre del Señor, como en un nuevo Pentecostés, se han puesto a la escucha de la Palabra de Dios y, al mismo tiempo, se han abierto a la escucha mutua en un diálogo fraterno.

En el aula sinodal ha resonado la voz de la Iglesia "extendida por toda la tierra". Allí han hablado los pastores, poniendo voz a "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo". Allí ha tenido un eco especial la voz y el testimonio de "muchos obispos que, en estos últimos decenios, han sufrido la prisión y el destierro por causa de Jesús".

Los obispos, conscientes de que, como cada bautizado, son, al mismo tiempo, pastores y ovejas del rebaño, han hablado para sí y para el Pueblo de Dios.

Como pastores, ofrecen un claro mensaje de esperanza a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, últimamente tan atormentado: "A la luz de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, hemos releído tanto las tragedias como las maravillas de las que hoy somos testigos en el universo"; nos hemos situado frente al "misterio de la iniquidad" y al "misterio de la piedad".

"Si bien, desde el punto de vista humano, la potencia del mal muy frecuentemente parece estar por encima del bien, la misericordia de Dios la supera infinitamente a los ojos de la fe: 'allí donde abundó el pecado sobreabundó la gracia'".

Vivimos un momento en que la fe se ha oscurecido; sin embargo, "no podemos dejarnos intimidar por las diversas formas de negación del Dios viviente que pretenden minar la esperanza cristiana".

Los obispos, como miembros del Pueblo de Dios, sintiéndose ovejas que caminan tras las huellas del Buen Pastor, han desbrozado con sencillez y valentía, su propio camino: ellos han de ser servidores incansables del Evangelio de la esperanza.

A todos se dirige la llamada universal a la santidad. "Para los obispos, ésta se realiza en el ejercicio de su ministerio apostólico", con "la humildad y la fuerza" del Buen Pastor. El obispo ha de caracterizarse por su apertura a todos "en la paciencia y en la audacia de dar razón de la esperanza que está presente en él".

El obispo deberá ser pobre, "con esa pobreza que libera y que potencia las energías para el amor y para el servicio; pobre, ante el Padre, como Jesús en su plegaria; pobre con María, en la memoria de las maravillas de Dios. Pobre ante los hombres, por un estilo de vida que hace atrayente la persona del Señor Jesús". El obispo debe ser el hermano y el padre de los pobres.

Mirando siempre a Jesús, el Buen Pastor, los obispos se definen como vínculo de comunión, artífices de la unidad, padres y amigos de los sacerdotes, "sus principales colaboradores en la misión apostólica"; valorarán, como un tesoro de la Iglesia, la vida consagrada a la contemplación y al apostolado; apoyarán y estimularán la promoción del laicado; estarán siempre abiertos al diálogo fe-cultura, y cada obispo, en su diócesis, deberá ser el primer misionero, "presidiendo la Eucaristía, anunciando a todos el designio salvífico de Dios, celebrando su misericordia y dando testimonio de la presencia de Dios en medio de su pueblo 'todos los días, hasta el fin del mundo'".

Que Santa María, reina de los apóstoles, haga fecundos tantos proyectos.

 

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Los obispos, como miembros del Pueblo de Dios, sintiéndose ovejas que caminan tras las huellas del Buen Pastor, han desbrozado con sencillez y valentía, su propio camino: ellos han de ser servidores incansables del Evangelio de la esperanza"

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