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2 a 15 de diciembre de 2001 |
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| Preparar la Navidad | |
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Inmaculada de Rubens. Madrid, Museo del Prado.
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Comienza el tiempo de Adviento, preparación para la Navidad, aunque la Navidad para los comercios y la publicidad haya comenzado ya hace varias semanas. Precisamente por eso, porque se ha producido un vaciado del contenido cristiano de la Navidad, porque corremos el riesgo de perdernos en ese mar de la publicidad y no percibir apenas que Jesús viene a salvarnos, por eso, más que nunca, tiene sentido el Adviento, necesitamos prepararnos para la Navidad. Es necesario este tiempo de esperanza en un mundo que pasa por momentos difíciles y que necesita salvación. La presencia de múltiples conflictos y guerras, la amenaza cada vez más palpable del terrorismo, las injusticias de todo tipo, los fanatismos... necesitan de la redención de Jesús. Y eso es lo que pedimos en este tiempo de espera, tiempo de esperanza en esa salvación. La Virgen María es un personaje central en este tiempo de Adviento. La fiesta de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, es muy oportuna para fijarnos en el modelo de vivencia del Adviento por excelencia. María, como Madre del Salvador, mantuvo esa espera expectante y plagada de esperanza. Nadie mejor que ella para servir de guía y modelo al pueblo cristiano, que se prepara para la venida del Salvador. El grito de todo el Pueblo de Dios en este tiempo es: "¡Ven, Señor Jesús!" Un grito con el que concluye la Biblia, y un grito que da sentido a toda la existencia cristiana. En estos momentos de zozobra en el mundo, ¡ven, Señor Jesús!, y sálvanos. María, Madre de la esperanza, nos acompaña en este grito y en nuestro camino por este tiempo de Adviento, que ha de culminar en la Navidad. |
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SUMARIO |
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