Nº 715 - 16 a 29 de diciembre de 2001

Punto de Vista

Clonación y Vaticano

Raúl Berzosa Martínez

Raúl Berzosa MartínezEl mismo día 26 de noviembre, cuando The Journal of Regenerative Medicine daba a conocer la noticia sensacionalista de la clonación de un embrión humano, el Vaticano se sentía en la obligación de responder inmediatamente. ¿Por qué una respuesta tan rápida? ¿Cuál es la gravedad y el alcance de la noticia?

Los investigadores del Advanced Cell Technology anunciaban la producción de varios embriones humanos "in vitro" desarrollados hasta el estadio de dos, cuatro o seis células. Todo ello documentado por imágenes de microscopio, que evidencian las primeras fases del desarrollo de estas vidas humanas, a las que se ha dado inicio no a través de fecundación de óvulos con espermatozoides, sino activando óvulos con núcleos de células somáticas.

Los autores aducen que su intención no es dar origen a un individuo humano, sino a un "early embryo", es decir, a un embrión en su estado inicial.

Pero aquí se plantea el tema ético: ¿Acaso ese embrión en su estado inicial no es propiamente ya un embrión humano, y no "un conjunto de células", como algunos quieren hacernos creer?

Según la doctrina repetida una y otra vez por el Papa, y por prestigiosos científicos, el principio de la vida humana se sitúa desde el primer instante de la existencia del embrión mismo, y no cuando "convencionalmente" ciertos científicos quieran determinarlo. Esto se percibe con mayor claridad en la modalidad de fecundación "heterosexual" (llamada "humana"), pero sigue teniendo toda su validez para el caso del que hablamos (modalidad "inhumana"), que es la reprogramación de un núcleo somático en una célula huevo. En esta modalidad el embrión no pierde su dignidad.

Aunque se aduzcan "beneficios y motivos humanitarios y terapéuticos", en nombre de la ética, no se puede estar manipulando vidas "a la carta", y seleccionando quién puede vivir y quién será sólo "carne de quirófano". Desde esta lógica inmoral llegaríamos a la grave conclusión de que un embrión vale menos que un feto; un feto menos que un niño; un niño menos que un adulto; un adulto enfermo menos que uno sano; un adulto de un país rico más que uno de un país pobre...). La vida humana debe ser defendida incondicionalmente desde su origen hasta su final.

Para finalizar, y en la misma línea de lo expresado por el Vaticano, digamos que las investigaciones sobre las células estaminales ("células madres") pueden desarrollarse por otras vías científicas que no son las de clonación de embriones humanos. Dichas células madres, por ejemplo, existen en cada uno de los individuos adultos, en la sangre materna, o en los fetos de abortos espontáneos.

Concluyo: antes de abrir un camino, el de la clonación, que difícilmente podrá cerrarse en sus consecuencias últimas, la humanidad debe abrir un profundo debate y autoprotegerse. No están en juego dogmas o posturas conservadoras sino la propia dignidad de la persona humana.

 

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