Nº 715 - 16 a 29 de diciembre de 2001

Punto de Vista

Reflexión sobre la guerra de Afganistán

Departamento Diocesano de Formación Sociopolítica

Ante los terribles sucesos del 11 de septiembre, como cristianos, queremos expresar nuestra más enérgica repulsa por lo que supone de desprecio a la dignidad de la persona humana. Y junto a nuestra repulsa va unida nuestra solidaridad efectiva y afectiva con las víctimas. Y ello porque son seres humanos, hermanos nuestros e hijos del Dios Padre de todos, que apostó especialmente por los que sufren. Creemos que toda violencia deslegitima desde el comienzo y radicalmente toda pretendida razón que pueda mover a realizar semejantes acciones inhumanas. La violencia siempre engendra violencia, deshumanizando por completo las relaciones y las estructuras sociales.

Como consecuencia de dicha acción terrorista llevamos sufriendo durante muchos días la llamada "Operación Libertad Duradera", que tanta muerte y desgracia está generando. Porque creemos que la fuerza del diálogo es mucho mayor que la fuerza de las armas, hacemos una llamada a la paz y a la instauración de un nuevo orden internacional, basado sobre la verdadera justicia.

Creemos que en los últimos días se han realizado muchas manifestaciones simplistas que han visto esta guerra como la lucha del bien contra el mal, de los buenos contra los malos, de una religión contra otra. Denunciamos la manipulación informativa de esta guerra, como de todas, en las que se ha ocultado la verdad sufriente de un pueblo, las consecuencias de la violencia y la lectura en profundidad de las causas que han llevado a ella.

Compartimos el juicio de la Santa Sede que afirma que "toda campaña seria contra el terrorismo necesita también afrontar las condiciones sociales, económicas y políticas que alimentan la emergencia terrorista, la violencia y el conflicto". Igualmente creemos que "la disparidad de condiciones en el planeta es incompatible con la seguridad global" (Embajador de la Santa Sede ante la ONU).

Y es que el fenómeno de la globalización, desarrollado sólo en el aspecto puramente económico, tiene un efecto perverso para la mayoría de los seres humanos. Bajo la tiranía de un mercado no regulado y unas finanzas impulsadas por la especulación egoísta, está la trágica consecuencia de hacer a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. A ello se une el ataque hiriente de la globalización a la diversidad e identidad cultural. Muchos pueblos y sectores de la humanidad sienten que su historia y los valores que rigen sus comunidades están siendo despreciados por la prepotencia de los grandes bloques, que se mueven por "el pensamiento único" de su cultura dominante. En cierta manera podemos hablar de que, junto al fundamentalismo islámico, existe otro fundamentalismo propio de las naciones poderosas, en pro de sus intereses.

Ciertamente, nada se gana con la guerra y todo se pierde con ella. únicamente quienes tienen intereses en la carrera de armamentos pueden hoy estar más contentos. Pero la humanidad entera da un retroceso en el camino de edificar un nuevo siglo caracterizado por "la justicia, la clemencia, el diálogo y el amor" (Juan Pablo II).

Como cristianos creemos que vivimos un momento histórico determinante. Se nos presenta el reto de ofrecer a la "aldea global" todo el potencial de fraternidad y justicia que encierra el Evangelio. La guerra no acaba con la captura de un hombre: la guerra desaparecerá cuando acaben las injusticias. En consecuencia, hemos de construir y edificar sólidas bases. Por ello luchamos y a ello invitamos.

 

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