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Nº 716 - 30 de diciembre de 2001 a 12 de enero de 2002

   Arciprestazgo de Vega

Los cristianos ante el mundo actual

Jorge Lara Izquierdo

Éste fue el tema de la segunda sesión dentro del programa formativo que ha organizado el arciprestazgo de Vega para este curso y que trató el Movimiento Cultural Cristiano en nombre del Departamento de Formación Sociopolítica.

Los cristianos, y especialmente los laicos, si queremos vivir nuestra fe de una forma adulta no podemos creer que para vivirla hay que salirse del mundo. Eso sería un falso cristianismo, un espiritualismo desencarnado. Tampoco podemos "mundanizarnos", olvidar que nuestra misión última es evangelizar. Eso también sería un falso cristianismo, un secularismo, una ideologización de la fe.

La Iglesia nos recuerda constantemente que el Evangelio debe encarnarse en la vida, y que Jesús optó por los pobres como destinatarios privilegiados de su buena nueva. Por lo tanto, nosotros ya no podemos optar, sino seguir las opciones de Jesús, salvo que nos creamos más que Jesús.

Hoy, con motivo del atentado del 11 de septiembre, se habla mucho de guerra. Pero la guerra, según la doctrina de la Iglesia, es mucho más amplia que lo de Afganistán. Además de que hay más de 30 conflictos bélicos abiertos en todo el mundo, la Iglesia en Evangelium Vitae nos dice que vivimos actualmente una guerra de los fuertes contra los débiles, una auténtica cultura de muerte (hambre, esclavitud infantil, paro, guerras, terrorismo, pena de muerte, aborto, eutanasia, divorcio, drogas, precio de la vivienda, violencia...) Pero también hay hechos de esperanza: gente en todo el mundo que está dando la vida por construir un mundo más justo, y muchos cristianos, sobre todo en y del Tercer Mundo, están en primera línea.

La realidad hay que verla tal cual es. No queramos maquillarla, decir que no es para tanto, porque entonces, lo que haríamos sería consolidar y apuntalar la injusticia. Ante este mundo, los cristianos tenemos que desarrollar una "angustia cristiana", que se compone de conciencia de esa realidad, urgencia en transformarla, y esperanza en que es posible el cambio. Los que luchan tienen esperanza. Los que no luchan, sólo ponen pegas, critican, ni entran ni dejan entrar, dicen que no se puede hacer nada, o que ya hacemos bastante.

Y no basta con la buena voluntad; comprometernos en el mundo exige un esfuerzo grande y constante por analizar el mundo en que vivimos y poder así actuar de una forma eficiente y certera. Según sea nuestro análisis del mundo así será la acción y el resultado. Nos jugamos mucho, no seamos superficiales. No basta con que ahora muchos curas digan que hay que comprometerse en política. Los laicos tenemos que analizar cómo, dónde, cuándo, con quién, para qué..., so pena de que vayamos de buenos chicos y acabemos trabajando para el enemigo con toda nuestra buena pero ingenua voluntad.

 

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