Nº 717 - 13 a 26 de enero de 2002

   

Se apagaron las luces

Se apagaron las luces de los Belenes y de los adornos de las calles que alegraron la ciudad en los hermosos días de Navidad.

Nos queda el dulce sabor del encuentro con familiares y amigos. Seguiremos recordando el canto de los ángeles en las cercanías de Belén.

Llevaremos en el corazón, como María, las palabras que hemos escuchado en estos días y que iluminarán nuestros caminos.

Cuántas veces volveremos los ojos al gran misterio navideño. Dios se ha acercado a nosotros, se ha hecho hombre, ha sentido el frío del invierno y los besos de la madre, ha contemplado a los sencillos pastores y a los Magos del Oriente.

Ya no nos dejará, será nuestro compañero de camino hasta llegar a la casa del Padre. Lo podré encontrar vivo en la Iglesia, en el Sagrario: su presencia, la sentiré cada día, cada hora. Le encanta estar con los hombres, escucharlos, hablarles, protegerlos, hasta llegar a la casa del Padre.

He estado al lado de los enfermos, algunos graves, en los hospitales. Otros nos dejaron. Están ya, para siempre, contigo. Cada día sentiré su ayuda.

Y en la calle contemplo a los niños y jóvenes, alegres, libres del trabajo escolar. En casa han vivido días intensos de cariño junto a familiares y amigos.

Desde el pesebre, Jesús, los has mirado con amor y te has alegrado al contemplar cuánto te quieren mientras crecen a la vera de los mayores: se necesitan todos, los hijos y los padres, los nietos y los abuelos.

Y desde el calor hogareño, nuestras familias han dado calor al pobre, al transeúnte, al extranjero: en todos ellos ven a la Sagrada Familia de Nazaret.

Así comenzamos el año nuevo, como si tuviéramos un corazón nuevo para continuar la tarea de amor que inició en Belén la Santa Familia de José y María con Jesús.

Se apagaron las luces. Pero que no se apague el amor en el corazón de los hombres.

En nuestro trabajo, en las diversiones, en la calle, en la familia, que siga la Navidad, fiesta de amor y alegría.

A los queridos enfermos y ancianos, que no les falte nuestra visita de cariño que les recuerde que Dios les ama.

Navidad nos ha recordado la cercanía de Dios y la fraternidad de todos los hombres que han acogido en Belén a nuestro hermano Jesús, el Hijo de Dios.

Que la estrella de Belén siga iluminando todos nuestros caminos.

 

Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"En nuestro trabajo, en las diversiones, en la calle, en la familia, que siga la Navidad, fiesta de amor y alegría"

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