Nº 717 - 13 a 26 de enero de 2002

Punto de Vista

Reflexiones en torno al nuevo arzobispo

Algunos grupos cristianos de Burgos

Sintiéndonos corresponsables del caminar de nuestra Iglesia diocesana (pueblo de Dios) en la tarea de anunciar y construir el Reino, diversos grupos cristianos de ámbitos rurales y urbanos de la diócesis de Burgos, nos hemos reunido para reflexionar sobre la importancia del obispo y su trabajo responsable y conjunto con toda la comunidad cristiana.

Teniendo en cuenta la tradición eclesial de la participación del pueblo de Dios en la elección de sus obispos, no pretendemos decidir nada, pero sí deseamos ser escuchados y contribuir desde estas reflexiones como la voz del Espíritu que está en las comunidades, al proceso de nombramiento del nuevo arzobispo de Burgos.

Queremos tener presente la realidad social y pastoral de la diócesis, porque es a ella y a las personas que la viven y tratan de realizarla, a quienes hay que iluminar y con quienes hay que hacer una lectura de fe y de su ser Iglesia que realiza el proyecto de Jesús en el mundo. Por eso somos conscientes de que la realidad es el espacio sagrado donde Dios se hace presente.

A partir de todo esto creemos que nuestro futuro obispo ha de tener unas características que respondan a los anhelos y esperanzas de nuestro pueblo y de la realidad burgalesa:

Que sea fiel al evangelio y de esta manera trabaje por conseguir una Iglesia encarnada en la sociedad, conforme al mensaje de Jesús. Para lo cual se requiere un pastor con experiencia, práctica pastoral y opción social que tenga en cuenta nuestra realidad burgalesa (geografía, despoblación, industrialización...); con conocimiento e interés por la misma, desde el contacto real, dejándose interpelar por ella y con un análisis permanente para una pastoral adecuada, de respuesta y liberación.

Que cuente con un equipo eficaz y serio de religiosos/as, curas y laicos con capacidad de riesgo y utopía, que parta de la realidad y sea ilusionante.

Que tenga en cuenta las conclusiones sinodales, las cuales expresan las expectativas y aspiraciones de la comunidad diocesana, para no defraudar. Detrás de este proceso hay una necesidad de dinamizar la acción evangelizadora (líneas de trabajo conjuntas y renovadoras, pastoral sacramental renovada...) para una pastoral misionera y eficaz. Que potencie en toda la Iglesia diocesana la dimensión política y social de la fe (Iglesia samaritana y comprometida), implicándose personalmente en las acciones del pueblo y poniendo en práctica la Doctrina Social de la Iglesia.

Que sea una persona con capacidad para escuchar a su pueblo; en diálogo permanente con los grupos de base y con presencia entre ellos; una persona que sepa respetar y vivir la solidaridad, desde la cercanía y la humildad; que quiera a la gente, con una autoridad traducida en amor, disponibilidad y servicio; una persona que no imponga órdenes, intereses y consignas que ni se entienden ni se aceptan, ni tampoco verdades que no son evangélicas.

Que sea una persona de opciones como: una apuesta personal y eclesial por los empobrecidos: parados, emigrantes, mujeres, jóvenes, mundo rural, excluidos...; sensible a pastorales y movimientos insertos en la realidad social de nuestro pueblo, valorando los trabajos pastorales que requieren procesos lentos pero eficaces y configuradores de militantes serios y comprometidos; respeto por la pluralidad, y saber valorar los dinamismos eclesiales y no eclesiales.

Pedimos que la fuerza y el Espíritu de Jesús Resucitado nos ilumine a todos.

Comunidad Obrera; HOAC diocesana; Comunidad "Ignacio Ellacuría"; Taller "Somos Iglesia"; JOC diocesana; Grupo de curas rurales; Equipos Parroquiales de Pastoral Obrera; Justicia y Paz.

 

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