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Sintiéndonos corresponsables del caminar de nuestra
Iglesia diocesana (pueblo de Dios) en la tarea de anunciar y construir
el Reino, diversos grupos cristianos de ámbitos rurales y urbanos de la
diócesis de Burgos, nos hemos reunido para reflexionar sobre la
importancia del obispo y su trabajo responsable y conjunto con toda la
comunidad cristiana.
Teniendo en cuenta la tradición eclesial de la participación del pueblo
de Dios en la elección de sus obispos, no pretendemos decidir nada,
pero sí deseamos ser escuchados y contribuir desde estas reflexiones
como la voz del Espíritu que está en las comunidades, al proceso de
nombramiento del nuevo arzobispo de Burgos.
Queremos tener presente la realidad social y pastoral de la diócesis,
porque es a ella y a las personas que la viven y tratan de realizarla, a
quienes hay que iluminar y con quienes hay que hacer una lectura de fe y
de su ser Iglesia que realiza el proyecto de Jesús en el mundo. Por eso
somos conscientes de que la realidad es el espacio sagrado donde Dios se
hace presente.
A partir de todo esto creemos que nuestro futuro obispo ha de tener unas
características que respondan a los anhelos y esperanzas de nuestro
pueblo y de la realidad burgalesa:
Que sea fiel al evangelio y de esta manera trabaje por conseguir una
Iglesia encarnada en la sociedad, conforme al mensaje de Jesús. Para lo
cual se requiere un pastor con experiencia, práctica pastoral y opción
social que tenga en cuenta nuestra realidad burgalesa (geografía,
despoblación, industrialización...); con conocimiento e interés por
la misma, desde el contacto real, dejándose interpelar por ella y con
un análisis permanente para una pastoral adecuada, de respuesta y
liberación.
Que cuente con un equipo eficaz y serio de religiosos/as, curas y laicos
con capacidad de riesgo y utopía, que parta de la realidad y sea
ilusionante.
Que tenga en cuenta las conclusiones sinodales, las cuales expresan las
expectativas y aspiraciones de la comunidad diocesana, para no
defraudar. Detrás de este proceso hay una necesidad de dinamizar la
acción evangelizadora (líneas de trabajo conjuntas y renovadoras,
pastoral sacramental renovada...) para una pastoral misionera y eficaz.
Que potencie en toda la Iglesia diocesana la dimensión política y
social de la fe (Iglesia samaritana y comprometida), implicándose
personalmente en las acciones del pueblo y poniendo en práctica la
Doctrina Social de la Iglesia.
Que sea una persona con capacidad para escuchar a su pueblo; en diálogo
permanente con los grupos de base y con presencia entre ellos; una
persona que sepa respetar y vivir la solidaridad, desde la cercanía y
la humildad; que quiera a la gente, con una autoridad traducida en amor,
disponibilidad y servicio; una persona que no imponga órdenes,
intereses y consignas que ni se entienden ni se aceptan, ni tampoco
verdades que no son evangélicas.
Que sea una persona de opciones como: una apuesta personal y eclesial por
los empobrecidos: parados, emigrantes, mujeres, jóvenes, mundo rural,
excluidos...; sensible a pastorales y movimientos insertos en la
realidad social de nuestro pueblo, valorando los trabajos pastorales que
requieren procesos lentos pero eficaces y configuradores de militantes
serios y comprometidos; respeto por la pluralidad, y saber valorar los
dinamismos eclesiales y no eclesiales.
Pedimos que la fuerza y el Espíritu de Jesús Resucitado nos ilumine a
todos.
Comunidad
Obrera; HOAC
diocesana; Comunidad "Ignacio Ellacuría"; Taller "Somos
Iglesia"; JOC
diocesana; Grupo de curas rurales; Equipos Parroquiales de Pastoral
Obrera;
Justicia y Paz.
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