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In memoriam Constancio Torre Medina |
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Celestino Rodríguez de Castro, SJ |
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Sólo el nombre, y en diminutivo "Constan", tiene resonancias de cercanía, intimidad, servicio, entrega constante para todos los que le conocimos. Para la Frater estas resonancias se agigantan.
Su infancia se desarrolla en un ambiente feliz creado por sus familiares y de un modo especial por su madre, a la que no dudamos en calificar como santa. Y como "de tal palo tal astilla", según el refrán castellano, saquemos la consecuencia... Sus primeros años serían muy parecidos a los de los otros niños del pueblo: juguetón, movido, respetuoso y buen amigo. Hasta me imagino que tenía la habilidad de organizar entretenimientos para sus compañeros. Por supuesto que fue monaguillo, a juzgar por algunos pensamientos que pronto empezaron a revolotear por su cabecita de niño. Le vino la idea de ser sacerdote. Y así dio sus primeros pasos yendo al Seminario, donde pasó algunos años muy contento. Los planes de Dios serían otros pero sólo en la forma. Constan viviría su sacerdocio común recibido en el Bautismo de una manera ejemplar. A los pocos años de empezar sus estudios en el Seminario comienzan a aparecer unos síntomas de algo que le acompañaría toda su vida: una debilidad que le afectaba a los músculos y a los huesos en actitud progresiva, que le convertiría en minusválido y que él sabría llevar con salero. Lo expresa él muy bien con estas frases: "Encontré como enfermo una misión que no podría hacer si estuviera sano: la enfermedad me ha servido de trampolín o ballesta para lanzarme aunque desgarrándome trozos del alma..." Se le ve una persona normal y sensible ante el dolor. Supo ofrecer todas sus posibilidades al servicio de los que se encontraban como él, con la ventaja de que podía hacerlo desde su propia experiencia. En este campo ejercitó su verdadero sacerdocio. ¡Y vaya cómo lo vivió! Lo interpretó como la misión que el Señor le había confiado. En aquellos años en que se encontraba así y en contacto con otras personas con alguna minusvalía, empezamos a ponernos en contacto con algunas Fraternidades de minusválidos de Madrid y de Valencia, cuyos consiliarios eran dos jesuitas. Uno era el P. Duato, minusválido también. Y después de dar los pasos necesarios, conseguimos fundar la Frater de Burgos. Lo cogimos todos con mucha ilusión, y Constan ponía toda su alma. Los recuerdos de aquellos primeros pasos, ahora, nos hacen reír, porque las peripecias eran abundantes. Todos colaboraban con alegría para acomodar el primer piso que adquirimos. La "Frater" ahora es un encanto de grupo, pero hubo que comenzarla. Siguiendo con nuestro amigo Constan, recordaremos dos de sus facetas que le acompañaron hasta el final de sus días: porque era pintor y escritor. No dejaba sus papeles, su lápiz ni sus pinceles. Gozaba escribiendo y pintando. Casi diría que era su forma mejor de expresar todo lo que llevaba dentro, pero siempre pensando en un mejor servicio a los demás. Tal vez esto le llevó a esclavizar un poco a los que le rodeaban. Él lo definiría como "su vicio de escribir". La verdad es que lo aprovechó muy bien. Tenía muy claro que las limitaciones personales había que superarlas con las capacidades que cada uno poseía. Y es que había asimilado muy bien la espiritualidad del fundador de las Fraternidades, el Padre François, y la vivía a tope. Fue responsable de la Frater en distintas ocasiones. Animaba y visitaba a los minusválidos transmitiendo alegría y esperanza, porque estaba persuadido de que los enfermos y minusválidos no están sólo para orar y ofrecer sus dolores y sufrimientos a Dios. Así lo afirmó repetidas veces. Su funeral fue la expresión de lo mucho que se le quería. La iglesia de Isar estaba a tope, y no pocos fuera de ella, y eso que subir hasta la iglesia constituía un verdadero milagro. La Eucaristía, concelebrada por diez sacerdotes, respondía a una despedida gozosa y esperanzadora para sus familiares, paisanos y fraternos de Burgos. Los ramos de flores cubrían aquellos restos mortales que ya no iban a necesitar silla de ruedas para trasladarse de uno a otro sitio. Le habían nacido como alas para moverse como los ángeles del cielo. Gracias, Constan, por tu entrega, tu amor y tu servicio. Y ahora, sigue echándonos una manita desde arriba, porque te vamos a necesitar. Continúas y continuamos siendo amigos, ¿vale? |
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