| Buena Noticia | ||
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Domingo 3º del tiempo ordinario Isaías 9, 1-4 1ª Corintios 1, 10-13. 17 Mateo 4, 12-23
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Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: - «Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: - «Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.
Las palabras con que Jesús inaugura su predicación van precedidas de una fórmula que en Mateo señala el comienzo de una nueva etapa: "Entonces comenzó Jesús". No hay ruptura con lo anterior, pero sí un paso importante en su misión. |
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Domingo 4º del tiempo ordinario Sofonías 2, 3; 3, 12-13 1ª Corintios 1, 26-31 Mateo 5, 1-12a
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En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar, enseñándoles: - «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»
El sermón del monte se abre con una declaración solemne, en la que el reino de los cielos anunciado por Jesús aparece como buena noticia para los pobres. Esta solemne declaración constituye la obertura del discurso, en la que se propone el estilo de vida que se hace presente con la llegada del reino. Las bienaventuranzas poseen un esquema literario que se encuentra en la tradición sapiencial y apocalíptica del Antiguo Testamento. Sabemos que esa forma de expresarse fue utilizada frecuentemente por Jesús y que las primeras comunidades cristianas conservaron pequeñas listas de bienaventuranzas. Mateo amplía la lista más escueta de Lucas. |
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