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Nuevos presbíteros |
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Sagradas Órdenes en el Seminario. Dos jóvenes reciben el presbiterado. Y uno, el diaconado. Es el gran regalo del Señor a nuestra Iglesia en los primeros días del año. Escucharon la llamada de Jesús. Dejaron su familia, su entorno social, posibles proyectos, y siguieron al Maestro: "venid, os haré pescadores de hombres". Quienes hemos seguido ese camino, nos alegramos de ver cómo hoy otros jóvenes siguen escuchando esa voz que invita a compartir la misión del Señor. El sacerdote ofrece al hombre de hoy la Palabra de Dios y el pan de Vida, lo acompaña en las distintas etapas de la existencia. Será un amigo, en la vida y en la muerte. El sacerdote se acerca al hombre para curarle las heridas, fortalecerlo, y ayudarle en la gran tarea que Jesús pone en sus manos. En nuestra historia hemos tenido la suerte de ver al sacerdote siempre a nuestra vera. Ha sido un gran regalo de Dios. Benditas familias que nos ofrecéis tan hermosos frutos: Dios os mira con agrado. Algún día compensará vuestra generosidad. En una fiesta sacerdotal no podemos menos de recordar a los centenares de sacerdotes burgaleses que vivieron en nuestras familias y se formaron en nuestros seminarios y casas religiosas: hoy, esparcidos por España y tierras de misión, anuncian el Evangelio de Jesús y acompañan a los hombres en su caminar hacia Dios. Bendita tierra que ha visto florecer tan bellas flores vocacionales que dan su perfume y su fruto en tantos lugares. Familias: No podían recogerse frutos más sazonados en el huerto familiar. Muchas veces podríais oír gritos como éste: Gracias por habernos dado el mejor fruto con que podíamos soñar. Aquel niño que jugaba, de pequeño, en vuestra casa, es hoy nuestro padre, maestro, amigo, que nos acompaña y alimenta con el Evangelio. Ordenados: al tener a Cristo en vuestras manos, no os olvidéis de pedirle que envíe más trabajadores a la mies. Decidle que abra el corazón de niños y jóvenes a los amplios horizontes de la evangelización. Sacerdotes mayores que, con vuestro ejemplo de fidelidad, sois brillantes antorchas que iluminan la noche, ¡gracias, por vuestro ejemplo! ¡Seguid hablándole al Maestro que os llamó y rogadle que envíe nuevos jóvenes que continúen vuestra preciosa labor! María, Madre sacerdotal, que acompañaste a Cristo sacerdote, sigue caminando siempre a nuestro lado.
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Arzobispo de Burgos
"Bendita tierra que ha visto florecer tan bellas flores vocacionales que dan su perfume y su fruto en tantos lugares" |
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