¿Qué supone para mí estar consagrada a Dios? |
|
|
Sor María Begoña Sancho |
|
|
El 2 de febrero celebramos la Presentación de Jesús en el templo y el día de la Vida Consagrada. ¿Qué supone para mí estar consagrada a Dios? Creo que la mejor forma de responder es contaros algo sobre mi vocación. La sentí cuando sólo tenía 10 años y me costó muchísimo aceptarla. Lloré, me rebelé. ¿Por qué no podía yo ser como las demás? ¿Por qué Dios se había fijado en mí? Esto que debía producirme gozo me llenaba de amargura. Sabía que era inútil oponerme a la Voluntad de Dios y decidí: ni colaborar ni poner resistencia. Dejar que Dios actuara y... lo hizo de forma descarada. No podía dudar que era Él. Le sentía persiguiéndome como un enamorado, haciéndome experimentar un vacío interior que no lograba saciar. No quiero extenderme con más detalles; como es natural venció el Amor y llevo ya 22 años de vida consagrada. Cuántas veces pienso: "Si yo no hubiese sido fiel a aquella llamada lo que me habría perdido". Cualquier experiencia humana por grande, fuerte y buena que sea, es nada en comparación de sentir a todo un Dios enamorado de su pobre criatura. Por eso mi corazón no echa en falta el amor de un hombre: éste es el tesoro del voto de virginidad. El ser o el realizarse que puede traer consigo el título de una carrera lo veo plenamente compensado en mi voto de obediencia que me hace querer sólo la Voluntad de Dios y ahí me siento realizada. El tener cosas, fama, prestigio, es nada comparado con la riqueza de poseer y ser poseída por Dios. La vida comunitaria, formando una verdadera familia, hace que mi egoísmo y orgullo se vayan transformando en auténtico amor. Todas las acciones y horas del día están consagradas al Señor y, a pesar de mis miserias, Él las asume personalmente y hace que sirvan para la Redención del mundo. Queridos amigos: me parece que contándoos mi experiencia he contestado a la pregunta: ¿Qué supone para mí estar consagrada a Dios? Me siento plenamente feliz por haber sido elegida y no me canso de dar gracias a Dios por esta predilección que ha tenido conmigo. Si os parece, después de leer estas líneas, levantad el corazón a Dios y dadle gracias, vosotros también, por este don maravilloso que ha hecho a su Iglesia dándole la vida consagrada. Sor María Begoña está en el Monasterio de la Visitación (Salesas) de Burgos |
|
|
|
|
|
|
|