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Orar en la enfermedad |
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En este día 11 de febrero nuestro pensamiento va a todos los enfermos, a quienes los asisten, a los familiares, a cuantos con el corazón abierto -sacerdotes, doctores, enfermeros- los acompañan cada día. Pensando en los enfermos, quisiera contemplar también el rostro luminoso de la misma enfermedad, sin olvidar el dramatismo que supone para el enfermo y sus familiares. Hemos podido comprobar cómo, en esa trágica secuencia de la enfermedad, han madurado humana y espiritualmente, han visto purificada y robustecida su fe, se han despertado a nuevos valores antes oscurecidos, han saboreado con mayor realismo la bondad de Dios y la solidaridad de sus hermanos, han aprendido a convivir con el límite, han renovado su adhesión a Cristo y su sentido de pertenencia a la comunidad. Con frecuencia se afirma, y no sin razón, que el tiempo de la enfermedad es una oportunidad para la oración. La enfermedad, cuando es grave o es vivida como si lo fuera, pone al descubierto lo que cada uno es en realidad, confronta con lo inevitable de la existencia, provoca dudas e interrogantes, pone en tela de juicio estilos de vida y valores, y lleva a no pocos a asomarse a las puertas misteriosas de la transcendencia. A todos vosotros que estáis al lado del enfermo, expertos en medicina, hombres y mujeres que lleváis el consuelo y la luz del Evangelio a tantos pacientes: que avivéis la conciencia de la necesidad de acompañar espiritualmente a los enfermos. El mundo de los enfermos ha sido siempre en la historia una parcela bien amada por los cristianos: ahí han florecido bellas flores de santidad, de hombres y mujeres, santos y santas, que dejaron un rastro impresionante que han continuado tantos cristianos. Todos ellos a través de instituciones con un largo historial en la vida de la Iglesia, siempre alertados por el Espíritu ante las necesidades nuevas, nos ayudan a acercarnos a distintos grupos asistidos en los centros benéficos. El enfermo que está en su casa, en una clínica o en un centro especializado nos reclama la atención, el cariño, la presencia. La Iglesia, creadora de instituciones benéficas en el curso de la historia, sigue mirando con cariño al mundo de los enfermos, de manera especial a los grupos menos atendidos. Es ancho el mundo de los afectados por la enfermedad o la vejez. Nos alegra ver cómo las redes de la caridad van llegando a los rincones más apartados. Gracias, agentes de la pastoral sanitaria, que con tanto entusiasmo trabajáis para estar cerca del hombre que sufre. Santa María, salud de los enfermos, ruega por ellos.
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Arzobispo de Burgos
"El mundo de los enfermos ha sido siempre en la historia de la Iglesia una parcela bien amada por los cristianos: ahí han florecido bellas flores de santidad" |
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