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Un cura homosexual |
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Julián Gumiel Velasco |
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A estas alturas no puede sorprendernos que los telediarios abran con esa noticia, que sea motivo de comentario y crítica en las tertulias. No es "políticamente correcto" defender la moral de la Iglesia. Si el susodicho hubiera sido fontanero, médico, abogado o periodista no se hubiera dedicado una línea al tema. Pero era cura. No se habla de los miles de sacerdotes ejemplares, que eso no vende. En el caso de este sacerdote andaluz, ensalzado como héroe por "salir del armario", se dan dos errores de bulto por su parte: haber accedido a la ordenación sacerdotal conociendo su inclinación sexual, y manifestar públicamente esa inclinación y sus prácticas homosexuales buscando únicamente un escándalo que afecte a la Iglesia como institución. Otro tema será el debate sobre la obligatoriedad o no del celibato, que debe producirse, ya que esa disciplina puede ser cambiada. Pero la doctrina sobre la homosexualidad en la Iglesia es clara y diáfana. Una cosa es que haya que respetar a los homosexuales como personas que son, y acogerlos, y otra bien distinta, la idea que se nos vende alegremente en muchos medios de comunicación de que la opción por la heterosexualidad o la homosexualidad es igualmente válida y lícita. La orientación homosexual puede tener motivos muy diversos, de carácter genético, hormonal, educacional... pero en ningún caso puede considerarse igualmente "normal" o equiparable a la opción heterosexual. En esta campaña orquestada se quiere confundir a la opinión pública, de modo que quien no vea como "normal" la homosexualidad acabe considerándose a sí mismo como un bicho raro. Pues no, la mejor manera de ayudar a los homosexuales no es la persecución. Pero tampoco el aplauso generalizado, sino el estudio psicológico y médico, para contribuir a conocerla y solventarla. |
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