Nº 720 - 24 de febrero a 9 de marzo de 2002

   

Desde el Tabor

Es bueno apartarse algún tiempo a un lugar retirado. Así lo hacía Jesús, solo, o con sus discípulos.

Hoy queremos subir con él a un monte, al Tabor. El peregrino que lo ha visitado, no lo olvidará nunca.

Jesús, con los tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan, ha subido para un tiempo de oración; yo creo que para que se prepararan aquellos tres jóvenes con vistas a la Pasión, que comenzó en Getsemaní. Y aquí verían al Mesías llorando, como acobardado, con miedo a las horas de la Pasión. "Aparta de mí este cáliz..."

En el Tabor todo fue alegría, resplandores de gloria, conversación con los grandes profetas que dejaron el cielo para conversar con Jesús, envueltos en luces maravillosas. "Hagamos tres tiendas y quedémonos aquí..."

En medio de aquel apoteósico momento, Jesús echó una mirada a la tormenta que se le venía encima: la Pasión.

Frágil es nuestra naturaleza. Necesita buenas inyecciones de fuerza que viene de lo alto para llevar adelante la misión que Dios nos dé aquí en la tierra.

En enfermo, el misionero, el que tiene grandes responsabilidades, el que se siente despreciado: cuánto necesitan gozar de esos fulgores en algún momento, para acometer las grandes aventuras que sobrepasan nuestras escasas fuerzas.

Jesús se retiró al monte a orar... Ese camino tendremos que recorrer todos los cristianos, pues vendrán horas duras y amargas, vendrán soledades de Getsemaní y humillaciones de cruz con desprecio de los hombres y burlas de enemigos, y olvido de los amigos.

Subir al Tabor es acceder al lugar en que Dios y los amigos de Dios, profetas y santos, salen a nuestro encuentro para darnos un nuevo vigor antes de llegar a la cima del Calvario.

Pero, no subas solo: otros necesitan la misma fuerza que tú. También ellos recibirán el espaldarazo para ser caballeros en la guerra del Señor. En el silencio de la Iglesia o del campo o de tu casa, ora con Jesús, habla con él y escucha sus palabras que te darán energía para el camino.

Qué a gusto estaban allí. Pero hay que regresar a la lucha. Al pie del monte le esperaba furioso el enemigo. Los apóstoles no podían con él. Jesús se adelantó y dio órdenes al malo: "sal del cuerpo del muchacho". Y, a regañadientes, furioso, Satanás dejó libre al joven poseso.

La fuerza de Dios es imparable. "No temáis, estoy con vosotros". Y las tempestades se calmaban.

En el tiempo cuaresmal nuestro enemigo mantiene la guerra. Dichoso quien acude a Jesús y le pide ayuda.

Transfiguración del Señor, horas de paz y de luz. Pero, hay que volver a la brega para construir el reino.

En la oración, Jesús nos arma caballeros para su reino de paz, de amor y de gracia.

No tengas miedo, con la señal de la cruz, vencerás.

 

Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Jesús se retiró al monte a orar... Ese camino tendremos que recorrer todos los cristianos, pues vendrán horas duras y amargas"

Arriba          Inicio          Portada          Cartas del Arzobispo

Evangelio          Noticias          Opinión          Entrevistas

Familia          Cultura          Intenciones          Números anteriores

Foro de debate          Directorio Católico de Internet

Nuestras Parroquias          Nuestros Santos          Documentos

Buscar en Sembrar