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XXIII Jornadas de Apostolado Seglar |
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| Los laicos en la vida de la Iglesia | |
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Miguel Ángel Delgado López |
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Se contó también con la aportación de Luis González Carvajal, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas, que desarrolló la cuestión de la necesidad de un laicado adulto y evangelizador en la sociedad y en la cultura actual. La Iglesia española va alentando el calado que implica el desarrollo de la espiritualidad laical, el compromiso y participación de los laicos en la vida de la Iglesia. El cardenal Tarancón afirmaba que la Iglesia española había hecho un gran esfuerzo en renovar a sus pastores, y que ahora -el ahora tiene su inmediatez, pero sobre todo su tiempo- implicaba un nuevo esfuerzo en la atención y cuidado del laicado católico en la Iglesia de España. Estas XXIII Jornadas nacieron en aquel impulso renovador del Concilio y su aplicación en la Iglesia española, centrado su quehacer en las respectivas Iglesias locales. La permeabilidad de las ideas tiene su largo trayecto en la reflexión y en su practicidad. El nuevo rostro de la Iglesia implica el crecer armónico del laico en comunión con el cuerpo total de la Iglesia. Las Jornadas tienen el testimonio de la reflexión, el encuentro y el estímulo permanente de la operatividad. Una operatividad que se desarrolla o debe desarrollarse en cada diócesis. Unas jornadas que han ido creciendo por el impulso alentador de los obispos españoles, refrendado en documentos importantes como Cristianos laicos, Iglesia en el mundo, Testigos del Dios vivo y otros documentos que generan sensibilidades para que los cristianos laicos participen en la vida pública. La participación en la vida pública es una tarea de formación, de identidad eclesial y de compromiso que afecta y brota de la fe bautismal y que implica la tarea de ser y actuar de la Iglesia, en este caso referida al laicado. Así lo afirmó el profesor González Carvajal: "El desarrollo y el hecho del laicado en la Iglesia afecta de modo directo al ser y actuar de la Iglesia hoy". La condición del laicado permite a la Iglesia ser lo que es y debe ser. Los laicos, a modo de fermento tratan de "obtener el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios" (LG 31). La participación cada vez mayor de delegados, tanto de sacerdotes como de laicos, y los representantes de los diversos movimientos y asociaciones demuestra un quehacer de impulso y de puesta a punto del laicado y del laicado asociado. Un laicado asociado que permite ser plataforma para el diálogo, para el compromiso y la operatividad. Una tarea que afecta al diálogo de la Iglesia con el mundo y del mundo con la Iglesia. La presencia pública de la Iglesia es tarea difícil, pero tarea encomendada a todos, porque la madurez del laicado pasa por sus pastores en la tarea común y diversificada de la evangelización. |
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