Nº 721 - 10 a 23 de marzo de 2002

Buena Noticia

10 de marzo                 17 de marzo                 19 de marzo

10 de marzo de 2002          

Domingo 4º de Cuaresma

1º Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a

Efesios 5, 8-14

Juan 9, 1-41

 

 

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17 de marzo

19 de marzo

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:

- «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

- «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»

Unos decían:

- «El mismo.»

Otros decían:

- «No es él, pero se le parece.»

Él respondía:

- «Soy yo.»

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:

- «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»

Algunos de los fariseos comentaban:

- «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»

Otros replicaban:

- «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

- «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»

Él contestó:

- «Que es un profeta.»

Le replicaron:

- «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»

Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

- «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»

Él contestó:

- «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo:

- «.»Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»

Él dijo:

- «Creo, Señor.»

Y se postró ante él.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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10 de marzo

17 de marzo

19 de marzo

 

17 de marzo de 2002

Domingo 5º de Cuaresma

Ezequiel 37, 12-14

Romanos 8, 8-11

Juan 11, 1-45

 

 

 

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10 de marzo

19 de marzo

En aquel tiempo, las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:

- «Señor, tu amigo está enfermo.»

Jesús, al oírlo, dijo:

- «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

- «Vamos otra vez a Judea.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

- «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo:

- «Tu hermano resucitará.»

Marta respondió:

- «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice:

- «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó:

- «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Jesús, muy conmovido, preguntó:

- «¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron:

- «Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

- «¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron:

- «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dijo Jesús:

- «Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dijo:

- «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»

Jesús le dijo:

- «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

- «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Y dicho esto, gritó con voz potente:

- «Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

- «Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho, creyeron en él.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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10 de marzo

17 de marzo

19 de marzo

 

19 de marzo de 2002

San José, esposo de la Virgen María

2º Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

Romanos 4, 13. 16-18. 22

Mateo 1, 16. 18-21. 24a

 

 

 

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10 de marzo

17 de marzo

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

- «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

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10 de marzo

17 de marzo

19 de marzo

 

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