Nº 721 - 10 a 23 de marzo de 2002

   

Sal y luz

Los jóvenes en la Iglesia de hoy: ¿Es que hay sitio para ellos? ¿Es que los jóvenes quieren, de verdad, estar en la Iglesia? ¿Qué pide Jesús a los jóvenes de hoy? ¿Qué espera la sociedad de los jóvenes aquí reunidos?

¡Cuántas preguntas para digerirlas de una vez! Pero, no hay más remedio. Se espera la respuesta juvenil: generosa, entusiasta, responsable.

El mundo, la Iglesia, en los próximos lustros, os toca a vosotros edificarla. Sois los protagonistas de esta gran aventura.

Hace unos sesenta años, cuando España acababa de salir de una guerra civil y de una guerra europea, entre nosotros había hambre, existía sólo un puñadito de Universidades, Burgos no contaba con centros universitarios. Muchísimos adolescentes no tenían posibilidad alguna de frecuentar un Instituto o un Colegio de estudios medios.

Hoy, el joven que vive preferentemente en la ciudad o en unos pocos núcleos provinciales, podemos decir que tiene las aulas a la vuelta de la esquina, que la Universidad la tiene abierta de par en par. Bien, pues hay un número elevado de jóvenes que se cansan en los claustros universitarios y abandonan la Universidad cerrándose muchas puertas del futuro. Qué pena. Es como dejar los planteles de árboles que se sequen a pocos centímetros del suelo; qué pena no verlos crecer airosos como los que adornan nuestras riberas.

En la Iglesia, ya veis, ¿cuántos acuden al llamamiento de Jesús? O, mejor, ¿cuántos no oyen su llamada y se quedan lejos de sus palabras que son luz para el largo camino de la vida?

Nunca, en la historia, se habían malogrado tantas flores juveniles. Las drogas, poderoso enemigo del hombre, cuántos amigos nos han arrebatado o los han dejado malheridos para el resto de su vida. Quien ama a los jóvenes, no puede menos de entregarse a la lucha para dar una mano a tantos amigos en peligro.

Qué hermoso es ver a tanta gente joven en este encuentro de vísperas del Domingo de Ramos: qué hermoso contemplar su alegría, su entusiasmo. Ojalá que no se apaguen nunca. Al contrario, que lleven aires nuevos a sus grupos, a sus lugares de origen.

En la Semana Santa recordamos la tragedia de un joven que dio la vida en la cruz por todos los hombres, sobre todo, podemos decir, por los jóvenes. A su lado, estuvieron un grupo de jóvenes; ya no los reconocemos, pues estamos acostumbrados a verlos, en los cuadros, ya adultos. Pero, cuando empezaron a seguir al Maestro, pocos años tenían, y se embarcaron en la aventura de Jesús: anunciar la Buena Nueva por toda la tierra.

Y ahora, esos centenares de burgaleses/as que marcharon por toda la tierra a anunciar el Evangelio, de jóvenes se marcharon; y allí van consumiendo la vida entera para hablar a los pueblos de Jesús que nació en Belén, y dio la vida en el Calvario por todos los hombres. Y van entregando el Evangelio de Cristo a todas las gentes.

Amigos: ánimo, continuad con vuestras reuniones para conocer qué os pide el Maestro en esta hora.

Que María, madre de los jóvenes, os acompañe por caminos de verdad y de amor.

Encuentro Diocesano de Jóvenes

 

Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Qué hermoso es ver a tanta gente joven en este encuentro de vísperas del Domingo de Ramos: qué hermoso contemplar su alegría, su entusiasmo"

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