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La cruz |
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Calixto López Río |
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Desde el miércoles de Ceniza hasta la Pascua, la cruz debe ser para todo cristiano el norte y guía de nuestras meditaciones. Por eso propongo a los lectores de la Hoja Diocesana Sembrar, en la cuaresma de 2002 como fruto de reflexión: la Cruz. A todos los hombres y mujeres tiene preparada Dios una cruz: la cruz del destino que nos tiene señalado, del estado para el cual nos ha hecho; la cruz del cargo que debemos desempeñar, la cruz de las tentaciones, de la lucha contra el carácter, contra las pasiones desordenadas. La cruz que nos hace más pesada el demonio. La cruz que nos fabrican los hombres con sus incomprensiones, sus menosprecios, sus ofensas, sus injurias... Hay personas que no buscan la cruz, que huyen de ella, que tienen horror, que son enemigos de ella. Otros la encuentran, pero no la aprecian, la llevan de mala gana y procuran suavizarla cuanto pueden. Están suspirando por librarse de ella. Dichoso el que busca la cruz, el que la halla, el que la abraza con todo su corazón, el que se clava para vivir y morir en ella. Ha tenido Jesús heroicos seguidores que la han acompañado por el camino del Calvario. Decía san Pablo: "No me glorío de saber otra cosa que la cruz de Jesucristo. Grabados llevo en mi cuerpo los estigmas de la pasión". "O padecer o morir", decía santa Teresa de Jesús. "El premio de cuanto hago sea padecer y ser despreciado por Ti". Así contestó a Jesucristo san Juan de la Cruz. ¡Qué ansias de cruces tenía aquel santo coadjutor de la Compañía de Jesús, san Alonso Rodríguez! : "Oh mi dulcísimo Jesús, amores de mi alma y telas de mi corazón. ¡Quién habría que no quiera muy de buena gana padecer penas y tormentos por tu amor; pues tú por el mío tanto pasaste!" Este deseo de sufrir que tienen los santos es la locura de la cruz. Locura a los ojos de los hombres; cordura a los ojos de Dios. ¡Qué fascinador ha sido el ejemplo de Jesucristo abrazándose a la cruz! Que abracemos la cruz que nos ha preparado el Señor. |
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