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San José |
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Irene Sáez Sagredo |
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San José, a veces, parece el gran desconocido. Como si su papel no tuviera importancia en la historia de la salvación. ¡Y vaya si la tiene! Primero: acepta a María, aun a sabiendas de que iba a ser madre. La cuida, atiende y mima como esposa, procurando que no le falte de nada, según aquellos tiempos. Segundo: tiene que hacer realidad las indicaciones de Dios que le marcaba el camino a seguir, cuando el nacimiento del Hijo, la huida a Egipto, el regreso a Nazaret, etc. Tercero: acata la voluntad de Dios en todo lo que le dice. Callaba, y ese callar, le hacía a María quererle más. Callaba, cuando venían las contrariedades. Callaba, ante la gente. Callaba, ante todo. Pero, ese callar, se convertía en oración individual y, a veces, colectiva con los suyos. Tres puntos que hacen de su persona un muy atrayente santo para los cristianos. San José, que tanto destaca y tanta importancia tiene para el Opus Dei. San José, que aman tanto los valencianos. San José, a quien tanto acude santa Teresa, hasta el punto de nombrarle en sus fundaciones. San José, a quien tanto quieren los sacerdotes. San José, de los primeros santos, porque fue el que más cerca estuvo de María y Jesús, y compartió su santidad. San José, a quien admiran todos los santos. San José, a quien tanto habló e inspiró el Espíritu Santo. San José, san José, san José... |
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