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Nº 722 - 24 de marzo a 6 de abril de 2002

   Centro de Tiempo Libre de la parroquia de la Sagrada Familia

Celebración del 10º aniversario

Miguel Ángel Delgado López

Los pequeños gestos de acogida y de referencia humana y eclesial son gestos de esperanza para nuestra Iglesia diocesana. Celebrar el 10º aniversario del Centro de Tiempo Libre de la parroquia de la Sagrada Familia es un motivo de agradecimiento y felicitación que quiero hacer desde la Hoja Diocesana Sembrar.

Los centros de tiempo libre, talleres de formación, de oración, las iniciativas apostólicas y las tareas cotidianas de trabajo y formación, el voluntariado de los jóvenes cristianos, se convierten en un referente creativo, cálido y de compromiso evangelizador.

Ojalá estos centros de educación se extiendan de una forma sistemática y solidaria en todas las parroquias y arciprestazgos de la diócesis.

Son el otro rostro de las parroquias que no quieren repetir curso ni hacer siempre lo mismo. Es la fuerza y el cariño del vivir de cada parroquia que no sólo celebra la fe, sino que acompaña, forma, crea comunidad y es referente de la vida. Una parroquia con capacidad de convocatoria y de servicio fraterno.

Este Centro de Tiempo Libre de la parroquia de la Sagrada Familia es una tarea común y de una sensibilidad pastoral, llevada a cabo por su equipo de sacerdotes, los monitores, que son jóvenes, la tarea educativa de los religiosos salesianos... y una referencia para dar y recibir convirtiendo la parroquia en casa y escuela que desentraña el Evangelio para todos, en este caso para los jóvenes.

La enhorabuena por estos diez años de trabajo y compromiso es a la vez un deseo para que se siga trabajando con mayores iniciativas pastorales, especialmente para los jóvenes. Las puertas abiertas de nuestras parroquias deben centrarse en hechos concretos y que puedan llegar a todos, especialmente a los más pobres y necesitados. No sólo para darles una ayuda económica, sino para que se sienten con nosotros y puedan celebrar la misma fe y ser testigos, unos y otros, de una vida compartida en las penas y en las alegrías, plegaria que recoge una de las anáforas de la Eucaristía.

El Sínodo Diocesano pedía ser una Iglesia más misionera y evangelizadora. Buena tarea para una Iglesia que quiere reconocer a Jesucristo en el quehacer evangelizador y el servicio fraterno.

 

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