Nº 722 - 24 de marzo a 6 de abril de 2002

Punto de Vista

Tierra Santa

Julián Gumiel Velasco

Julián Gumiel VelascoCada día seguimos por la televisión y otros medios de comunicación las incidencias del "conflicto" que enfrenta a israelíes y palestinos en Tierra Santa.

Esa tierra donde se anunció hace 2.000 años el Evangelio de la paz y la reconciliación es escenario, paradójicamente, de una gran violencia todos los días.

Recientemente he viajado hasta la tierra de Jesús y he podido contemplar de cerca la situación agónica en la que viven los cristianos que allí viven, con la terrible presión judía por un lado y los grupos islámicos radicales por otro. Son una minoría, que viven su fe en lugares donde no es fácil ser cristiano, donde el testimonio se da con intensidad cada día. Eso quizás explique la gran devoción y compromiso que se observa en ellos.

Estos cristianos palestinos están atravesando momentos especialmente difíciles. La "intifada" y la desproporcionada represión israelí han llevado a la zona una violencia que ha hecho que el turismo, fuente principal de ingresos de muchas familias, deje de acudir.

Vamos a vivir la Semana Santa. En el escenario de los acontecimientos que celebramos estos días no habrá este año muchos peregrinos.

Ante una situación que se prolonga ya durante más de año y medio y que se ha visto recrudecida en los últimos tiempos, muchos han optado por emigrar al extranjero en busca de mejores expectativas de vida. Otros malviven, encerrados por el gobierno hebreo en sus propias ciudades, de las que se les impide salir, sin saber si sus casas serán bombardeadas en una incursión del ejército, omnipresente en Israel, y sin atisbar una solución en el horizonte, pero resistiéndose a marchar de su tierra, la de sus padres, de sus antepasados.

"Muchas veces tienes la tentación de emigrar. Pero, ¿a quién vamos a dejar esta tierra?", confiesa un palestino que, sin embargo, tiene esperanza en un futuro en paz, a pesar de la tensión y el odio acumulados.

Los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa atienden, en la medida de sus posibilidades, las necesidades de los santos lugares y de las familias que aquí viven. Para ello sirve la colecta del viernes santo en nuestras parroquias, que, sin embargo, en muchas parroquias sigue sin hacerse. Quizás por desconocimiento. Nuestra ayuda ahora es más necesaria que nunca.

 

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