Nº 723 - 7 a 20 de abril de 2002

Punto de Vista

Sacerdotes y celibato

Jorge Lara Izquierdo

El pasado 19 de marzo celebrábamos, entre otras cosas, el día del Seminario. Pocos días antes saltaba la noticia del comunicado que cuestionando el celibato sacerdotal publicó un numeroso grupo de sacerdotes de Gerona.

Me ha parecido oportuno recordar la experiencia y opinión que al respecto mantuvo de palabra y obra el obispo brasileño Dom Helder Cámara, quien además es poco sospechoso de haber sido conservador y carca. En el libro El Evangelio con Dom Helder, una larga entrevista que le hizo el periodista Roger Bourgeon, relata por ejemplo: "Un día mi padre me hizo esta pregunta: 'Siempre estás diciendo que deseas ser sacerdote. Pero, ¿sabes de verdad lo que es ser sacerdote?' Y entonces me hizo una descripción del sacerdote  que era exactamente el eco de lo que yo sentía sin comprenderlo, de lo que yo soñaba y no sabía formular: 'Hijo mío, el sacerdote y el egoísmo no marchan juntos. Es imposible. Un sacerdote no se pertenece a sí mismo. Tan sólo tiene una razón para vivir: vivir para los demás'". A la pregunta sobre si le parecía absolutamente indispensable que el sacerdote fuera célibe, respondió el obispo: "Yo comprendo que la Iglesia haya optado por esta disciplina, porque, para darse de verdad, y de verdad a todos, se está más libre cuando no se tiene la grave obligación de cuidar de una esposa y unos hijos. Si mañana me encontrara de nuevo a las puertas del sacerdocio y el celibato fuera voluntario, no tengo la menor duda de que, para poder darme a todos, seguiría optando por no vincularme, mediante el matrimonio, a una mujer y a unos hijos".

Creo que lo citado es bastante iluminador en el clima actual, en el que además se pretende justificar y forzar el cambio de postura respecto al celibato en la crisis de vocaciones y el elevado número de abandonos. Al respecto también Dom Helder tuvo unas clarividentes palabras: "Y al mismo tiempo, cuando haya sacerdotes que no se pasen la vida quejándose, llenos de frustración y de tristeza, sino dichosos por saber que la vida es un don de Dios y que el sacerdocio supone una hermosísima manera de darse a Dios dándose a los demás, entonces le aseguro que habrán de surgir las vocaciones". Un gran pero entusiasmante reto para los sacerdotes y para la Iglesia, sobre el que debemos seguir dialogando.

 

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