Nº 724 - 21 de abril a 4 de mayo de 2002

Punto de Vista

Globalización y ética

Jesús Yusta Sainz

Jesús Yusta SainzEl tema de nuestro tiempo. Todo, para bien o para mal, adquiere dimensiones que superan el ámbito del particularismo provinciano para situarse a nivel planetario. Vivimos cada vez más en un contexto global, "aldea global", que ha dejado menguados los estados-nación y requiere para sus problemas soluciones globales.

Tres son las formas de afrontar este reto: la timorata y catastrofista, deseosa de hacer marcha atrás, asustada ante cambios a su parecer apocalípticos, situados muy por encima de cualquier intervención humana; la oportunista, que en el río revuelto del desconcierto general trata de desviar las aguas hacia su provecho individual o grupal, que es lo único que le importa; la ética, convencida de que las innovaciones deben convertirse en oportunidades de progreso para todos, y de que para eso hemos de hacernos cargo de la realidad que vivimos, cargando con ella y encargándonos responsablemente de ella.

Responsabilizarse significa, en nuestro caso, abandonar discursos catastrofistas, acoger lo nuevo y orientarlo hacia metas tan antiguas ya, pero no estrenadas, como la realización de mayor libertad, justicia y solidaridad. Esto implica el asumir globalmente los problemas que globalmente se presentan, abandonando, por retrógrados, tanto el catastrofismo como el egoísmo oportunista.

Ante retos universales no cabe sino la respuesta de una actitud ética universalista, que tiene siempre por horizonte el bien universal, aunque sea preciso construirlo desde el bien local. No hay más remedio que hacerse cargo de la realidad y responsabilizarse de males como el hambre, la miseria, las guerras, las muertes y secuestros, las injusticias cotidianas.

El mundialismo exige: responsabilidad solidaria, universalista, lo único que puede impedir la marginación es la universalización, anclarse en la particularidad, sin abrirse a la universalidad, es practicar el principio de la exclusión; igualmente se exige una ética universalista de las instituciones a favor de los excluidos en cada contexto. En definitiva, una globalización éticamente fundada, urge crear unos centros de control de las consecuencias de los dinamismos de la acción colectiva desde un horizonte ético.

Para superar las negatividades del proceso globalizador habrá que cambiar la mente y los hábitos de nuestra vida cotidiana, y transformar las estructuras desde un nuevo horizonte de sentido, en el que nos sintamos urgidos por el afán de justicia y nutridos por la solidaridad universal.

 

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