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Nº 725 - 5 a 18 de mayo de 2002

   5 de mayo, Jornada del Clero Nativo

En la misión, las vocaciones consagradas necesitan nuestro apoyo

Miguel ángel Palacios

La Jornada del Clero Nativo recuerda a las vocaciones en tierra de misión.Contemplando el tiempo apostólico, la tarea de la evangelización, hasta nuestros días, se abre paso a través de aquellos que, movidos por el Señor, se adentran en el mundo donde los hombres, cerrados o ignorantes de Dios desconocen o se resisten al Evangelio. Hombres movidos por el Señor, no aisladamente, sino desde la Iglesia que viven. Desde allí, el Señor llama, instruye y envía.

Estos hombres, llamados y enviados a evangelizar, nos declaran con sus vidas cómo la tarea evangelizadora es parte de nuestro compromiso y responsabilidad eclesial. Si entre nosotros el Señor los llamó y envió, es porque entre nosotros descubrieron el horizonte de la misión. Por eso, sus vidas, sus trabajos, sus cansancios, agobios y esperanzas, son parte, con ellos, de nuestra vida cristiana y eclesial.

Pero, después del misionero, hemos de recordar, desde nuestros orígenes, cómo aquéllos que han aceptado el Evangelio han de ir formando comunidades e Iglesias. Y éstas, sólo serán posibles en torno a la Mesa del Señor.

Si a través del Domund, toda la Iglesia, bajo el cayado de Juan Pablo II, reconoce  y aporta su ayuda, a través de la limosna y la oración, poniendo en sus manos nuestra aportación material y espiritual para la tarea misionera de la evangelización, la Obra de San Pedro Apóstol nos recuerda nuestra responsabilidad, encaminada a ser apoyo y sostén de aquellos que a través del misionero reciben el Bautismo y han de vivir en torno a la Eucaristía.

La Obra de San Pedro Apóstol, ligada a la sede de Pedro, asume el compromiso y responsabilidad de toda la Iglesia de posibilitar (dotando de los medios precisos y necesarios, aunque sean escasos -para nosotros-) los seminarios que permitan la estructura y consolidación de las nacientes Iglesias a través de sus sacerdotes.

La vida religiosa, dimensión misionera y eclesial

Juan Pablo II, en un momento importante y ante el Tercer Milenio, ha querido, desde la Obra de San Pedro Apóstol, asumir el cuidado de las nacientes Iglesias, no sólo dotándolas de seminarios sino sosteniendo a la par nuevos noviciados.

Nunca, hasta hoy, el cuidado pastoral del Santo Padre sobre la Iglesia ha sido tan claro e iluminativo, para todos los cristianos, en el objetivo de la Obra de San Pedro Apóstol, presentándola como su único fin y proyecto: la creación y sostenimiento de seminarios y noviciados en tierra de misión.

 

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