| Buena Noticia | ||
|
Domingo de Pentecostés Hechos Apóstoles 2, 1-11 1ª Corintios 12, 3b-7. 12-13 Juan 20, 19-23
|
|
|
|
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: - «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: - «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: - «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
El presente relato está pensado desde el cumplimiento de las promesas de Jesús. He aquí la dialéctica entre promesa y cumplimiento. Jesús había dicho: "volveré a estar con vosotros" (Jn 14, 18); el evangelista constata: "se presentó en medio de ellos". Jesús había prometido: "dentro de pocos días volveréis a verme" (Jn 16, 16ss); el evangelista afirma: "los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor". Jesús anunció: "os enviaré el Espíritu" (Jn 14, 26; 15, 26; 16, 7ss), y "tendréis paz" (Jn 16, 33); el evangelista recoge las palabras de Jesús: "la paz con vosotros... y recibid el Espíritu Santo". Jesús afirmó: "voy al Padre" (Jn 14, 12) y el evangelista se encarga de recoger otras palabras de Jesús que significan el cumplimiento de lo que había prometido: "voy a mi Padre, que es también vuestro Padre". El evangelio de Juan sitúa la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos en el anochecer del mismo domingo de Pascua. En este encuentro con ellos, los constituye sus enviados, como él lo era del Padre. |
|
|
|
|
||
|
Santísima Trinidad Éxodo 34, 4b-6. 8-9 2ª Corintios 13, 11-13 Juan 3, 16-18
|
|
|
|
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: - «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.»
San Juan se centra en la descripción del acontecimiento salvífico. La iniciativa procede de Dios, se realiza por medio del Hijo, que ha venido de su parte y que vuelve a él a través de su cruz-exaltación. El hombre se apropia de ella o la rechaza mediante la fe-incredulidad en el Enviado. No existe mejor síntesis de la vida cristiana. Así es el mensaje joánico. Estamos ante el mejor resumen de la teología joánica. El mejor comentario nos lo ofrece otro texto del cuarto evangelio, que habla de Jesús como el Enviado y de la fe en ambos, del juicio que se realiza en la aceptación o rechazo de la luz (Jn 12, 44-50). El juicio, de salud o desgracia, se realiza en la actitud de aceptación o rechazo frente a Jesús. En el evangelio de Juan no existe un juicio futuro, que tendría lugar al final de los tiempos, al estilo sinóptico (Mt 25, 31ss). El juicio se realiza aquí y ahora por la actitud del hombre ante el Revelador (Jn 3, 18). Dios envió a su Hijo al mundo para que el hombre pueda salvarse. Dios hizo la oferta de la vida. Oferta que sigue abierta. Debe ser aceptada en la fe. Lo contrario equivale a la auto-exclusión de la vida. Ese es el juicio. En resumen: el reino es presentado como la vida eterna. El acceso a él lo hace posible la fe y el sacramento, que no es eficaz sin ella. |
|
|
|
|
||
|
|
||