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| Día del Apostolado seglar y de la Acción Católica | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Caridad y solidaridad frente al olvido de los pobres |
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La humanidad vive momentos dramáticos, cargada de contradicciones y conflictos, como recuerda el Papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte: "En efecto, son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan la sensibilidad cristiana. Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando a millones de personas al margen del progreso". Guerras, desigualdades, conflictos, pobreza, hambre, analfabetismo... planean ante nuestra mirada y nos interpelan. También en nuestro país se deja sentir la injusticia. Si bien la pobreza severa ha pasado de 4 millones a finales de los 80 a 1,7 millones en la actualidad, en torno a 7,5 millones de personas viven en condiciones de pobreza moderada en España, siendo la precariedad el rasga definitorio de esta nueva forma de pobreza. La paz sólo puede venir de la mano de la justicia social, económica y cultural, y esto cuestiona el modelo de desarrollo económico que los países ricos y las empresas multinacionales impulsan en nuestros días. Por ello, esta jornada quiere llamar a la reflexión de los cristianos laicos, que tienen una responsabilidad ineludible ante estas situaciones. Los laicos están llamados a dar respuesta a los conflictos que viven los hermanos. En palabras de Juan Pablo II, "la solidaridad es el estilo y el medio para la realización de una política que quiera mirar al verdadero desarrollo humano" (Christifideles laici, 42). La solidaridad "no es un sentimiento de vaga compasión o de superficial enternecimiento por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común [...] para que todos seamos realmente responsables de todos" (Sollicitudo rei socialis, 38). Los cristianos no podemos quedar al margen ante los problemas de paz o el desprecio de los derechos humanos fundamentales. La respuesta amorosa ante los que sufren es parte fundamental de la vocación de los laicos cristianos, y del encargo que la Iglesia les hace. La vida entera de Jesucristo es respuesta a esa vocación: "Me ha ungido para anunciar a los pobres la buena nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos..." (Lc 4, 18). Sólo la solidaridad y la justicia, el amor y el perdón posibilitarán la auténtica paz en el mundo. Un trabajo serio y coherente de práctica solidaria y caritativa será nuestra mejor aportación a la construcción de un mundo nuevo, y respuesta al proyecto de humanidad que Dios quiere para nosotros. Al celebrar la fiesta de Pentecostés, se invita a los seglares cristianos a un compromiso más decidido de amor y servicio a los pobres, a orientar sus proyectos y acciones desde la perspectiva de impulsar en sus comunidades cristianas, grupos y movimientos la "firme determinación de empeñarnos por el bien común", de hacer presentes en nuestras parroquias y ambientes la llamada a descubrir particularmente en los necesitados el rostro de Cristo, para darle una respuesta de amor. |
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