| Buena Noticia | ||
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Cuerpo y Sangre de Cristo Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a 1ª Corintios 10, 16-17 Juan 6, 51-58
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En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: - «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban entonces los judíos entre sí: - «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: - «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»
El presente discurso no procede de la sinagoga de Cafarnaún -no se podía hablar de este modo de la eucaristía antes de su institución, pues nadie entendería nada- sino de la última cena. Fue traspasado aquí por la pluma del evangelista, como continuación del discurso sobre el pan de la vida. El discurso del pan de la vida se convierte en la preparación adecuada del discurso eucarístico. El lugar que debía ocupar, que era la última cena (Jn 13), lo eligió el evangelista para narrar el lavatorio de los pies. Sin embargo no se atrevió a omitir un relato tan importante. Entonces recurrió al sistema de trasladarlo a otro lugar. Y éste era el más indicado, por la semejanza en la materia. |
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Domingo 10º del tiempo ordinario Oseas 6, 3b-6 Romanos 4, 18-25 Mateo 9, 9-13
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En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: - «Sígueme.» él se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaban a los discípulos: - «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: - «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
El relato de la vocación de Mateo tiene muchas semejanzas con el de la llamada a los primeros discípulos. En este nuevo relato hay, sin embargo, dos detalles significativos. En primer lugar, el hecho de que Jesús llame a un recaudador de impuestos para formar parte del grupo de sus discípulos es algo extraño, porque los recaudadores de impuestos para Roma eran considerados por los judíos como ladrones y colaboracionistas, y como tales estaban excluidos de la vida social y religiosa. En segundo lugar, el evangelista da al nuevo discípulo el nombre de Mateo (en Mc: Leví, el hijo de Alfeo; en Lc: Leví), hecho que dio pie en la tradición para atribuir el primer evangelio a este discípulo de Jesús. Las comidas de Jesús con pecadores le habían ganado fama de "comilón y borracho, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores" (Mt 11, 19). Sin embargo, en la praxis de Jesús estas comidas expresaban la misericordia y la cercanía de Dios hacia los más alejados. |
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