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"Me amó y murió por mí" |
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Hna. Esperanza Espinosa Manso |
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Queridos hermanas y hermanos: Sólo deseo compartir con vosotros algo de lo que vivimos en este rincón de la selva peruana; un campo extenso de apostolado: colegio con muchos alumnos, niños, jóvenes... y, todo lo que lleva consigo; una cárcel con 300 "internos". Os hablaré un poquito de ella y sobre todo de los que la habitan. Su infraestructura es sencilla; en nada se asemeja a esos edificios grandes y feos de otras que acostumbramos a ver. El ambiente es de confianza y cercanía; los presos hacen deporte con los policías -éstos no llevan pistola y les ofrecen y proporcionan un trato humano y fraterno-. Pero no olvidemos que, en este lugar, existe soledad, abandono familiar, tristeza y una gran recesión económica que les priva de materiales para hacer trabajos que favorecerían económicamente a sus familias. Os contaría alguna cosa, pero temo no os agrade leerla, por ser triste. Sé de alguien que, cuando en la televisión sale algo sobre los emigrantes, marginados, o argelinos, cambia de canal; y, sin embargo, os invito a que miréis con AMOR y luego, poneos en su lugar al menos con la imaginación, aunque sea sólo por un ratito. Para terminar, os invito a mirar esta imagen; es una foto de una pintura realizada por un muchacho preso hace ¡diez años! Está hecha con pintura de esmaltes sobre una tela corriente de 2 metros de largo por 1,50 de ancho. "¿Por qué tan grande?", le pregunté; y me respondió: "Porque quiero que a quien lo mire, le impacte". Linda respuesta. Y al observarles, cuando les visito y les digo que es el mejor Amigo y el que nunca falla, se quedan silenciosos y creo que oran de verdad. Por hoy, nada más. Sólo que -como S. Pablo- nos creamos que "me amó y murió por mí". |
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