| Buena Noticia | ||
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Domingo 11º de tiempo ordinario Éxodo 19, 2-6a Romanos 5, 6-11 Mateo 9, 36 - 10, 8
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En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: - «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: - «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»
Hasta este momento, el evangelista sólo ha nombrado a cinco discípulos de Jesús: Pedro y su hermano Andrés (Mt 4, 18), Santiago y su hermano Juan (Mt 4, 21) y Mateo (Mt 9, 9). Ahora el grupo se completa hasta llegar al número simbólico de doce. Estos doce discípulos representan a las doce tribus de Israel, y serán las columnas del nuevo pueblo de Dios. Pedro encabeza la lista y Judas Iscariote la cierra. Ambos tendrán un protagonismo especial en el relato de la pasión (Mt 26-27). Pedro, además, aparecerá con un papel especial en otros lugares del evangelio. |
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Domingo 12º del tiempo ordinario Jeremías 20, 10-13 Romanos 5, 12-15 Mateo 10, 26-33
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: - «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»
La expresión "no temáis" se dirige a los discípulos para que superen el miedo y la angustia que trae consigo la persecución. Va acompañada de tres motivaciones. En primer lugar, el miedo no debe impedir la proclamación abierta del mensaje que Jesús les ha encargado anunciar, pues este mensaje acabará siendo públicamente conocido. La segunda motivación sitúa a los discípulos en el horizonte del juicio. Lo decisivo no es que los hombres puedan quitarles la vida, sino que alguien pueda ocasionarles la ruina definitiva de la vida (el alma) y del cuerpo. La tercera motivación se fundamenta en la confianza inquebrantable que los discípulos han de tener en Dios, a quien reconocen e invocan como Padre. |
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