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Misioneros burgaleses |
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Apenas
he tomado tierra en Burgos, me encuentro con la agradable constatación de
que ésta es cuna de misioneras y misioneros. ¡Bienaventurados los pies
de quienes anuncian la Buena Nueva! Este año estaremos con vuestras familias, amigos y conocidos y ojalá con algunos de vosotros en Belorado para alabar a Dios por vuestras vidas y vuestras obras al servicio del Evangelio. Cada uno de los hogares que os han visto nacer, crecer y acoger la vocación para ir luego, guiados por el Espíritu Santo, a extender el Reino de Dios y sembrar la palabra de Cristo en tantos corazones de hermanas y hermanos nuestros, ha sido bendecido abundantemente por Dios. Él es buen pagador, y no se deja ganar en generosidad. A vosotros os ha pedido una disponibilidad total; pero dispuesto está también Él para recompensar esa entrega vuestra multiplicada como la fecundidad del grano de trigo que muere: "Nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí o por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno" (Mc 10, 29-30). Seguimos pidiendo a Dios que continúen siendo muchos los hogares en nuestra Archidiócesis donde por la entrega de los esposos y padres cristianos sean como la tierra fecunda en la que arraigue la semilla que el Señor derrama abundante. Esos hogares, grandes y generosos por la magnitud de su entrega hacen que sea más fácil pasar el testigo de una generación, eminentemente misionera, a la que está creciendo y formándose. Es ahí, en la santidad y generosidad cotidiana de la madre y del padre y del padre de familia donde el Señor os ha hecho descubrir y acoger con entrega su llamada misionera. Gracias, esposos y familias cristianas. Para que esta Iglesia particular de Burgos no pierda la memoria de estos grandes dones recibidos de la mano de Dios con la elección de sus hijas e hijos misioneros, convendrá "recoger las memorias preciosas de los testigos de la fe en el siglo XX... Es una herencia que no se debe perder y que se ha de transmitir para un perenne deber de gratitud y un renovado propósito de imitación" (Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, 7). Nuestra cooperación como diócesis misionera, con cada una de sus parroquias y familias, ha de continuar expresando en el compromiso personal de cada uno de los fieles, la dimensión necesariamente apostólica de su vocación cristiana. La realidad de nuestra diócesis misionera ha enriquecido ciertamente a la Iglesia universal, pero en primer lugar ha contribuido a que nuestras familias y comunidades parroquiales hayan mantenido vivo el espíritu de los albores de la primera evangelización. Dios bendiga con abundancia la siembra y la cosecha, que ponemos bajo la protección de Ntra. Sra. de Belén. A todos y a cada uno mi saludo y bendición.
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Arzobispo de Burgos
"La realidad de nuestra diócesis misionera ha enriquecido ciertamente a la Iglesia universal, pero en primer lugar ha contribuido a que nuestras familias y comunidades parroquiales hayan mantenido vivo el espíritu de los albores de la primera evangelización" |
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