Nº 729 - 30 de junio a 3 de agosto de 2002

   

De la Iglesia particular, a la de Roma

Hace un mes que la Iglesia de Burgos recibía, con generosa acogida y con agradecimiento a Dios, a su nuevo Arzobispo. En este mes ha encontrado a los sacerdotes de la diócesis y a tantos monasterios de religiosos y religiosas, así como a otros muchos fieles cristianos de parroquias, con motivo de celebraciones litúrgicas y fiestas particulares.

Algunas de estas celebraciones han tenido como centro la Eucaristía: el día del Corpus Domini, el Curpillos en Las Huelgas, y la Vigilia de Espigas de los Adoradores Nocturnos en Baños de Valdearados. Otras, especialmente significativas en Burgos, le han dado la oportunidad de celebrar el Día del Misionero Burgalés, en la localidad de Belorado. En esta ocasión ha podido constatar la dimensión eminentemente misionera de la fibra diocesana, y por ello, su proyección amplia y católica por toda la geografía de la Iglesia universal.

Algunas otras festividades y celebraciones han subrayado el carácter comunitario de las parroquias dentro del mismo arciprestazgo, como el de Ubierna-Úrbel, en Quintanilla Vivar, o el de Roa, en Valdezate, que resaltan la inserción de las pequeñas comunidades parroquiales en entidades eclesiales mayores, y donde los párrocos, asumiendo la responsabilidad personal, participan en una programación común de ayuda y de iniciativas compartidas.

En plenas fiestas de la capital, y en la solemnidad de san Pedro, el Papa impondrá a este nuevo arzobispo de Burgos el palio, distintivo de responsabilidad para con sus hermanos obispos de la provincia eclesiástica, y signo, también, de particular adhesión y unión con la Sede de san Pedro, la Iglesia de Roma.

Cuando la Iglesia particular toma conciencia de su dimensión católica, percibe el beneficio de la Iglesia que preside, en la caridad, a todas las Iglesias. Su relación con Roma ensancha los horizontes geográficos y provinciales de la Iglesia particular, haciéndole vivir y palpitar con las urgencias de las Iglesias en misión, o con aquellas que sufren actual persecución, o aquellas otras que son probadas por el hambre o la escasez en recursos humanos y económicos.

En la relación de ayuda de la Iglesia particular con la de Roma y, en ella, con el sucesor de Pedro, hace eficaz y concreta su inquietud por todas las Iglesias. El día de san Pedro y el domingo posterior, la Iglesia diocesana de Burgos extiende la mano para pedir el óbolo que se destina a realizar las obras y necesidades del Papa para toda la Iglesia. Los obispos diocesanos somos conscientes de los bienes que recibimos, en nuestras comunidades, de la acción pastoral del Papa como Pastor Supremo de toda la Iglesia.

No se puede evaluar lo que significa para nuestra Iglesia particular ese influjo de evangelizador y del testimonio de fe del obispo de Roma. A la hora de nuestra oración por el actual sucesor del apóstol Pedro, Juan Pablo II, y en el momento de nuestra aportación económica para contribuir al llamado Óbolo de San Pedro, podemos imitar la generosidad de la viuda del Evangelio que hizo destellar los ojos de Jesús al comprobar, en su pequeña ofrenda, la grandeza de su corazón.

 

Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Los obispos diocesanos somos conscientes de los bienes que recibimos, en nuestras comunidades, de la acción pastoral del Papa como Pastor Supremo de toda la Iglesia"

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