Nº 729 - 30 de junio a 3 de agosto de 2002

Punto de Vista

Al P. Carlos Conde, SJ

Alejandro Ridruejo

Querido P. Carlos:

Cuántas veces, a lo largo de este año en el que nos dejaste, te he recordado; siempre con corazón agradecido y, a menudo, suplicante.

Al poco tiempo de tu partida a un conocido padre jesuita le comenté con sinceridad: "Yo, ya me estoy encomendando al P. Conde". Su respuesta, sabia, fue ésta: "Deja unos días tranquilo al P. Carlos; ya que no ha podido descansar en la tierra, que al menos descanse un tiempo en el cielo".

La última ocasión en que te vi, fue la víspera de tu fallecimiento. Tenías aspecto cansino pero el espíritu alegre, como siempre.

Unos días después del incendio de la iglesia de la Merced te fui a visitar a tu residencia y me comunicaste que estabas enormemente cansado. Estuve tan sólo unos minutos contigo. Posteriormente, me confesaste tu gran dolor, particularmente por la pérdida de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y del órgano.

La noticia de tu fallecimiento me llegó al hospital a través de un discípulo tuyo, cardiólogo, quien no pudo hacer nada por tu vida.

P. Carlos Conde, SJHacía tiempo que estabas bajo vigilancia médica, pero tú relativizabas tus cuidados por tu intensa y ejemplar vida de sacerdote. Trabajaste sin descanso. Tu único reposo lo encontrabas en la oración. Permanecías horas ante el Santísimo, como adorador nocturno. Sin regatear tiempos. Esta experiencia la transmitías a las personas a las que aconsejabas con exquisita prudencia e inteligencia espiritual.

Como buen jesuita estabas desprendido de todo; siempre disponible a tus superiores y a las necesidades de la Orden, aunque supusiera un destino alejado de Burgos.

D. Santiago, en tu funeral, puso de manifiesto tu gran amor a la Compañía y a la Diócesis. Era cierto: En nuestros paseos por La Quinta o por La Isla, me comentabas tu gran satisfacción por pertenecer a una comunidad como la de Burgos. En la Iglesia Diocesana colaboraste en la Facultad de Teología, en el Sínodo, en los Consejos Presbiteral y Pastoral y, sobre todo, en el Círculo Católico.

Me atrevo a hacerte alguna confidencia que será de tu agrado: nuestro querido templo de la Merced casi está remozado en su aspecto exterior y, tal vez, para Navidad pueda ser la inauguración. El Sagrado Corazón de Jesús ya está en su sitio abrazando a toda la ciudad de Burgos. Incluso tengo información de buenas gestiones para restaurar el órgano.

Como te gustaba el fútbol, te confieso que aún no veo claro el futuro del Burgos, tan importante como terapia social para nuestra gente.

Nada más. Desde el cielo intercede por los que te quisimos y te seguimos recordando con verdadero afecto y admiración.

 

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