|
Jesucristo esclarece el misterio del hombre |
|||
|
"El género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Esto es tan verdadero, que puede hablarse ya de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también sobre la vida religiosa". Estas palabras proféticas, escritas por el Vaticano II hace apenas tres décadas, lejos de perder vigencia se han hecho aún más verdaderas. Baste pensar, por ejemplo, en el fenómeno de la globalización, cuyas consecuencias en individuos y colectividades está incidiendo con tanta fuerza y extensión en todas partes. Tampoco han perdido vigencia los hechos con los que el concilio hacía su diagnóstico. En efecto, hoy como entonces, cabe afirmar que jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades y tanto poder económico; con todo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria. El mundo siente con viveza su propia unidad y la mutua interdependencia; sin embargo, se ve gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas, por la persistencia de agudas tensiones políticas, sociales, raciales e ideológicas. Mientras aumenta la comunicación de las ideas, se ahonda la dificultad de entenderse, porque las palabras definidoras de los conceptos fundamentales significan cosas diversas en las distintas ideologías. Por último, se busca con afán un orden material más perfecto y, a la vez, se descuida, cuando no se perturba, el mejoramiento de los espíritus. De este modo, el mundo moderno presenta un doble rostro: poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, entre la esclavitud y la libertad, entre el avance y el retroceso, entre la fraternidad y el odio, entre la apertura a todos los hombres de cualquier raza y credo y la xenofobia física, sicológica y espiritual. Situado en esta continua encrucijada, el hombre no puede menos de preguntarse si será capaz de controlar, dirigir y orientar las fuerzas que él mismo ha desencadenado y, en consecuencia, si éstas le ayudarán a ser más hombre o si terminarán con él. Las propuestas que a este hombre se le ofrecen como alternativa van desde el materialismo práctico, a soluciones utópicas, pasando por el escepticismo, el terrorismo y la violencia. Sin embargo, cada día son más los que se plantean o encaran con nueva hondura las cuestiones más fundamentales de la existencia: qué es el hombre; cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte; qué valor tienen las victorias logradas a precio tan alto; qué puede dar la sociedad al hombre; qué hay después de la vida temporal. Como no podía ser menos, la Iglesia presenta también su alternativa, la cual no es ni puede ser otra que Jesucristo, muerto y resucitado. Él, muriendo por todos, se ha hecho para todos camino, luz y vida. La Iglesia cree que ningún otro ha sido dado a la humanidad para que pueda salvarla. Que Él es la clave, el centro y el fin de toda la historia humana. Y que "bajo la superficie de lo cambiante, hay muchas cosas permanentes, que tienen su fundamento en Cristo, que existe hoy, ayer y para siempre" (GS 10). Cristo es, por tanto, la clave para entender y esclarecer el misterio del hombre y el único que puede aportar luces de fondo con las que encontrar las soluciones que respondan a los principales problemas de nuestro tiempo.
|
Arzobispo de Burgos
"Cristo es la clave para entender y esclarecer el misterio del hombre y el único que puede aportar luces de fondo con las que encontrar las soluciones que respondan a los principales problemas de nuestro tiempo" |
||
|
|
|||
|
|
|||