Nº 730 - 4 de agosto a 7 de septiembre de 2002

Punto de Vista

El párroco de Maruri

Julián Gumiel Velasco

Julián Gumiel VelascoYa tenemos un sacerdote con escolta en el País Vasco. El párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, vilmente puesto en el objetivo de los asesinos de ETA por el mismo Ayuntamiento de la localidad (cómo no, gobernado por la entente nacionalista), lleva un escolta que vela por su seguridad cada minuto.

Desgraciadamente, este hecho no es una novedad en las provincias vascongadas. Cientos de personas tienen que vivir cada día con la sombra de su escolta por la amenaza terrorista; y lo que es peor, con la sombra y el miedo constante de perder la vida. Da igual que uno sea político, profesor universitario, empresario, intelectual, artista... o un ciudadano cualquiera. Lo único que se exige para estar en esta triste lista es un compromiso inequívoco y valiente contra el terrorismo.

Pues ahora también un cura. Algo que no debería extrañar, porque la Iglesia cuenta por miles sus mártires a lo largo y ancho del planeta por denunciar las injusticias, por defender a los débiles, por confesar su fe...

Sin embargo, curiosamente, en el País Vasco, la Iglesia católica se había visto fuera del blanco de la banda asesina ETA. Algo que debería ser objeto de reflexión por parte de los obispos, sacerdotes y dirigentes de la Iglesia vasca.

La noticia del párroco de Maruri, y de otros sacerdotes y cristianos empeñados por la justicia en el País Vasco demuestra que no toda la Iglesia vasca está en esas medias tintas habituales, que hay cristianos seriamente comprometidos en la defensa de las víctimas y clamando contra la violencia, y eso se paga con la amenaza, la coacción y, muchas veces, con la vida. Y se paga con la incomprensión y el rechazo, por desgracia, de gente que en el País Vasco se considera Iglesia.

Cuando hemos visto hace no mucho que un grupo de sacerdotes vascos afirmaban en un documento que el terrorismo "es un mal menor", el párroco de Maruri y otros como él nos hacen ver que no toda la Iglesia vasca ha perdido el rumbo y que con el Evangelio en la mano sólo se puede estar del lado de las víctimas.

¡Ánimo, Jaime, estamos contigo! A ver si aprenden otros.

 

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