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8 a 21 de septiembre de 2002 |
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Comenzar con nuevos bríos |
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Mons. Francisco Gil Hellín vivirá su primer curso pastoral en la diócesis. |
El mes de septiembre es tradicionalmente el de la vuelta a la normalidad, tras el paréntesis veraniego. Los más afortunados habrán podido disfrutar de vacaciones en julio o en agosto. Otros habrán permanecido al pie del cañón desarrollando su actividad habitual. Pero, en cualquier caso, no se puede negar que el verano, con o sin vacaciones, altera el ritmo normal del trabajo. Y eso no es una excepción en la Iglesia. El mes de septiembre será el mes de las planificaciones en parroquias, arciprestazgos y delegaciones. Con el nuevo Plan Pastoral Diocesano, que publicábamos en el anterior número de Sembrar, todos habrán de disponerse a iniciar una nueva etapa. Será un año especial: es el primer inicio de curso del nuevo arzobispo, Francisco Gil Hellín. Y éste es también un motivo para la ilusión, que suele presidir siempre los inicios y las etapas nuevas. Quienes hayan disfrutado de vacaciones habrán tenido ocasión de "cargar las pilas", de disfrutar de descanso para abordar el inicio de curso con un nuevo impulso. Quienes, por contra, no hayan tenido ocasión de gozar de ese descanso estival, tendrán que hacer el sobreesfuerzo de retomar la actividad normal de parroquias, delegaciones, movimientos... aportando esa ilusión renovada que ponemos en cada nueva etapa, en cada nuevo curso. El Plan Pastoral marca las pautas que ha de tener la actividad en todos los sectores de nuestra Iglesia burgalesa. Ahora se trata de concretarlos en cada programación específica. Los arciprestazgos, además, vivirán la elección de nuevos arciprestes durante este mes de septiembre. Algunas parroquias vivirán cambios de sacerdotes, lo que obligará a un esfuerzo de adaptación por parte de los propios sacerdotes y de los fieles. En cualquier caso, todo inicio de curso supone un momento de ilusión y de esperanza, un tiempo de proyectos, de programas, de nuevas actividades que desarrollar y que llevar adelante. Por eso, todo comienzo de curso tiene que ser un momento de optimismo, a pesar de lo que cuesta volver a la actividad tras el verano. Por eso, hay que comenzar con nuevos bríos, con renovadas ilusiones, con esperanzas en nuevos proyectos... bajo la mirada del Espíritu que alienta siempre nuestros trabajos y nuestros esfuerzos. |
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SUMARIO |
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